martes 1 de diciembre de 2009

¿Imaginas?

¿Imaginas ponerte todos los días unos zapatos que te hacen daño?
¿Imaginas pincharte con las espinas de una rosa y, en vez de poner más cuidado, intentar la siguiente vez cogerla con más fuerza?
¿Imaginas cuidar con esmero una herida para no dejar que se cure nunca?
¿Imaginas cortarte con un cristal y contemplar cómo brota la sangre?
¿Imaginas salir a la calle en pleno invierno, desnuda, y disfrutar la nieve bajo tus pies descalzos?
¿Imaginas tocar el fuego mientras te deleitas viendo cómo todo arde?
¿Imaginas cortar una cebolla y no querer dejar de llorar nunca?
Entonces…
¿Por qué tropezar una y otra vez con la misma piedra?
¿Por qué levantarse y volver a estrellarse con la misma pared?
¿Por qué no soltar lo que hace daño?
¿Por qué aferrarse a cosas imposibles?
No hay razón alguna para sobrevivir a base de amores pasados que no fueron cuando pudieron y que nunca más serán.

jueves 30 de julio de 2009

28/Julio/2009

El sol entra de puntillas por la ventana y acaricia mi cara. Parecen tus manos despertándome y abro los ojos. ‘Buenos días’, me dice la mañana, arrancándome una sonrisa.
Sin hacer ruido me levanto y salgo fuera. Lo que queda del frío de la madrugada me lava la cara, aún queda rocío en el césped.
Camino. Sé dónde me llevan mis pies y no intento resistirme.
El asfalto que sentía bajo mis pies ya no está. En su lugar, fina arena. Sigo andando hasta que siento el agua. La playa está desierta. El mar es el único sonido y la única vista. Es la única compañía. Me voy sumergiendo en él, dejo que acaricie cada parte de mi cuerpo, piel con piel. Nada me ata ya, ni siquiera la ropa. Dejo mi cuerpo flotar sobre la superficie, mirando el cielo tan azul, para que me reconozcas si vienes.
Oigo a alguien en la orilla. Sonrío mientras me pregunto cómo me habrás encontrado. Salgo del agua despacio, intentando atrapar este momento de tranquilidad. Tranquilidad por saber que, al final, has venido a buscarme. Pero, cuando lo único que queda dentro del agua son mis pies, me doy cuenta de que no eres tú. ‘¿Estás bien?’, me pregunta la figura. Una sonrisa como respuesta.
Mis pies deciden que es hora de irse, me alejo de la playa.
Te dejo en el mar, con mi baño. Como un mensaje en una botella, espero que te llegue al otro lado del mundo.

27/Julio/2009

No sé cuántas estrellas se ven desde tu lado del mundo. Supongo que muchas, muchas más que aquí. Ni siquiera sé si las miras y no creo que, si lo haces, te acuerdes de mí. Pero hoy, tras un día de lluvia y prisas, el universo me regala este momento.
Descalza, he buscado un pequeño rincón de oscuridad y me he tumbado en la hierba. El cielo, coloreado de noche, está manchado con innumerables puntos brillantes.
Inspiro aire limpio, con calma, llenándome de oscuridad. Y te echo de menos. Pienso en que, tal vez, te gustaría estar aquí, tumbado conmigo, viendo a través de mis ojos y sintiéndote tan pequeño, dejándote inundar por la inmensidad de todo lo demás. Pienso que te enseñaría las constelaciones y te contaría historias pasadas, de qué les llevó allí.
Tanto te pienso que me niego a volver a la realidad, a mirar a mi lado y no encontrarte. No sé si lo que se me escapa es una sonrisa o una lágrima. Lo que sí sé es que la felicidad debe parecerse a esto.

25/Julio/2009

¿Te acuerdas de cuando cabías en un castillo de arena? Cerca del mar todo parece más fácil.
Muevo los pies desnudos, no me gustan los zapatos. Juegan con la arena mientras me acerco al agua, hasta que lo toco. Y sonrío. Sonrío pensando en ti y en lo que te gustaría estar aquí. Busco rincones nuevos para enseñártelos cuando ventas, si vienes algún día. Miro al horizonte y pienso si tú estarás al final del mar, al otro lado de la línea.
Y te echo de menos.

lunes 13 de julio de 2009

Amets egiteko

Poco convencida dejo irse a mi cordón umbilical, desaparecer entre la muchedumbre, irse con otros. No puedo creer que las bicis nuevas queden tan lejos. Siento que todo se encoje a mi alrededor, también la ropa. La ropa que llevaba puesta, ya no. ¿Dónde estarán los leones? Estás de vacaciones, ¡de vacaciones!, me digo, como si lo repitieses tú.
Abro los ojos. Me acaricio las piernas, pero no encuentro nada golpeándolas. ¿Y la cara? No, tampoco hay manos en mi cara. Ni siquiera agua. Miro el reloj: demasiado tarde para los cuernos. Aunque no tengo sueño, te lo cuento. Que es demasiado tarde.
Mis manos están vacías. Las observo por un lado y por otro pero no puedo encontrar nada. Sólo una canción sin sentido y un guante de látex, aún sin armar. Al levantar la vista para buscarte, me doy cuenta de, aunque pensaba que estaba sola, no es así. Estoy en medio de 80.000 personas y no puedo evitar reír. Sin poder creerme que sean tantas (80.000!!!!!!!!!!!!!) empiezo a contarlas… en inglés. O T T F F… Una lágrima comienza a caer, no puedo parar de reír.
Mejor ir a por un poco de agua. Cuando comienzo a beber, un extraño sabor me invade. PERO CUANTA SAL!! Me miras y te ríes, tú lo sabes. Pero ya no me importa porque así tú foto da sentido a la mía.
Busco casas, casas bonitas, para verlas juntos aunque soñemos por separado. Yo tengo una aquí. No es fea. Es cómoda, siempre caliente, siempre con la puerta abierta. Quisiera quererla, quisiera que me gustara. Pero no lo consigo. Sólo pienso en una casa que está lejos, en medio de una montaña. Para llegar hay que atravesar fría nieve y peligrosos ríos y, cuando llegue, estará cerrada. Pero no me importa, aunque mi cabeza diga que tengo un pequeño “síndrome”.

Podría seguir y seguir. Escribir de mi nariz y del mejor jugador a los palos, de manos teñidas y de quitarte pinzas en el desván, de cervezas, de juicios en medio del campo. Pero todo eso ya lo sabes.
También podría empezar diciendo “si mi cuerpo fuera pluma…” pero no quiero mentirte.
Prefiero contarte la sensación de libertad que sólo tú me has enseñado. Prefiero decirte que me gusta la forma que tienes de dejar todo mi mundo del revés, de hacer añicos lo que debería ser y dejar paso a todo lo demás. Prefiero que sepas que me gusta sentarme en cualquier sitio a no hacer nada. Me gusta hacer masajes mientras tú haces cosquillas y planear secuestros. Me gusta que medio chocolate sepa mejor que uno entero. Me gusta cuando me dices “ven aquí” porque has encontrado algo bonito y me gusta buscar cosas curiosas para enseñártelas. Hasta podría llegar a acostumbrarme a que interrumpas mis horas y grites en mi oído. Imagínate que hasta me gusta que me despiertes tocándome la náriz…

No sé en qué palabra podría resumirlo todo, porque quizás no exista, pero me gusta pensar que está cerca de la isla que se convirtió en montaña… por tu culpa.

domingo 28 de junio de 2009

Hay miedos que pueden resultar más peligrosos que otros. Hay personas con absoluto pánico escénico que son incapaces de ponerse delante de un amplio número de individuos. Pero, aún así, creo que es más fácil hablar delante de una masa anónima que enfrentarse cara a cara, mirando a los ojos, a una persona, alguien con rostro, con nombre y apellidos.
Cuando tengo la sensación de que he dejado palabras en el tintero, palabras que no han sido pronunciadas, siempre pienso que sólo hay dos motivos por los cuales esto sucede: o, por alguna razón, no he querido hacerlo o no tengo el valor para buscar las palabras. Piensa que ambas necesitan solución.
No sé con cuál de tus personas quedarme: con la que se enfrenta y da la cara o con la que se esconde entre palabras confusas. Tampoco sé qué te lleva a cambiar, a ser una u otra.
Pero creo que, al fin y al cabo, es un acto de cobardía y que, en el fondo, me subestimas.


"Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes prueban la muerte sólo una vez." (William Shakespeare)

Ana.

PD. Cuando concluya el silencio (por cierto, es laboral) sabrás de mí.

miércoles 24 de junio de 2009

Fresas con champán


Nunca me había parado a pensar por qué se toman las fresas con champán. ¿Tú te lo habías preguntado alguna vez?
Le prestaba una atención relativa a Pretty Woman hasta que Richard Gere lo dijo: el champán aumenta el sabor de las fresas. ¿Será verdad? Y mi cabeza empezó a funcionar. Sin permiso, como siempre. Mi interés hacia el resto de la película desapareció. Fresas y champán. La burbujeante bebida es más de Navidad, la fruta roja viene con el verano. Tal vez sea el invento de un avaricioso príncipe que lo quería todo junto, el frío y el calor. Quizás fue una bruja la que los separó, como castigo a un exceso de lujuria. ¿Y por qué juntos representan una sensual seducción? ¿Lo sabes tú? ¿Lujo y sensualidad? ¿Desinhibidor y afrodisiaco? O a lo mejor sólo es una tontería más, que únicamente tiene importancia cuando alguien se la da, como yo.
Iré a comer unas fresas, para el champán aún es pronto. Seguramente exista una sencilla respuesta química y la mezcla de ambas sustancias haga que aumente el sabor. Preferiría pensar que no, para tener algo sobre lo que escribir.

viernes 19 de junio de 2009

Sobredosis

Su espalda apoyada en la pared. En una mano se consume un cigarro, la otra sujeta su cabeza que pesa demasiado como para permanecer erguida. No entiende cómo ha llegado a ese punto, ¿qué he hecho?, ha vuelto a caer. Lo ha intentado. Con todas sus fuerzas ha intentado resistirse. Pero él acabó siendo más fuerte, su debilidad. Su única debilidad. Y ahora ya no hay vuelta atrás, ahora corre por sus venas sin compasión. ¿Qué he hecho?
Comienza a sentir cómo va nublando su cabeza, cómo inunda sus pulmones. Intenta atrapar una última bocanada de aire. Pero es demasiado tarde, todo está perdido.
Cuando está a punto de abandonarse a la locura, la despierta una suave brisa. Inunda todo con un olor que ella conoce bien. Llena de rabia, se frota la nariz. No, no quiero. No quiere que ese aroma entre dentro de ella. Cuando cree que no puede haber mayor sufrimiento que el que ahora inspira, un sonido le taladra los oídos. Esa voz, dulce. Grita, para sólo oírse a sí misma. Grita, lo más alto que puede, para no oír nada más, mientras con las manos presiona sus orejas. Con fuerza, para no oír nada. Pero queda petrificada. Ha notado una mano recorriendo su piel. Violentamente intenta apartarse, no quiero que me toques. No lo consigue. Sólo quiero abrazarte, retumba la voz y los brazos la aprisionan. Quiere escapar, correr lejos de allí.
Abre los ojos. Sólo para despertarse, sólo para que se acabe. Y ahí está él. Sólo un beso, el suave sonido mientras se acerca. No puede escapar. Y grita, cada vez más fuerte, llora, gime. Con las uñas araña su propia piel, desgarra su propio rostro. Grita. No sabe que no hay nada. No sabe que está sola, que pelea con fantasmas.

Abre los ojos. No sabe dónde está, no sabe qué ha pasado. Le duele cada parte de su cuerpo, la piel le arde. Y está sola. Quiere abrazarle, pero no está. Quiere verle, tenerle a su lado.
Le hace falta mucho esfuerzo para levantarse. Tambaleándose, apenas logra mantenerse en pie. Su mano busca la pared para no caerse, tiene que aprender a hablar sobre el suelo resbaladizo. Un paso, otro. Va a buscar su dosis diaria. Toca su nariz, sangre.
Sabe que no debe, otro paso, pero está irremediablemente perdida: necesita sus palabras, las de él, fluyendo por sus venas.

jueves 18 de junio de 2009

Larga noche

La noche me oculta. Ahora, cuando nadie me ve, puedo curar mis heridas. Miro a mi alrededor. La pared que tanto esfuerzo me había costado, que con tanto esmero había levantado para protegerme, no es más que añicos, pequeños trozos esparcidos por todas partes.
Asustada e indefensa los voy recogiendo. No puede quedar ninguno o nunca seré capaz de reconstruir me refugio. El pegamento… ¿dónde está? No sé dónde lo he puesto. Mientras lo busco desconsolada, he dejado caer, sin querer, todas las piezas del puzle que llevaba recolectadas. Qué desastre. Volver a empezar. Una lágrima se asoma a mis ojos. Son demasiadas, yo sola no puedo.
Perdida, me tumbo sobre ellas buscando un amparo que ya no existe. ¿Cómo he podido dejar que se rompiera?, ahora que ya no tiene remedio. Como un animal lamo mis heridas. No sabía que las cicatrices que parecen curadas pudieran abrirse de nuevo.
Tumbada en el suelo, rodeada de pedazos de nada, envuelta en un silencio tan atronador que apenas me deja pensar, comprendo que el daño es irreparable. El simple sonido de una respiración o el calor de una piel podría salvarme. Nada.
Sólo la noche se acerca a mí. Para que no se me olvide que estoy sola, me cubre con una áspera manta de oscuridad. Antes de desaparecer, también ella, dice: Así, al menos, no pasarás calor.

miércoles 17 de junio de 2009

Rosas blancas

“Tu mirada distraída me acarició sin quererlo y en el acto, en cuanto se encontró con la atención de mis ojos, se convirtió en aquella manera tuya de mirar (…), esa mirada tierna que te envuelve y a la vez te desnuda, que te rodea y casi te toca (…). Tu mirada, de la que yo ya no podía ni quería deshacerme, aguantó la mía uno o dos segundos, y luego continuaste adelante. El corazón me latía con fuerza, me vi obligada a ralentizar el paso y, cuando me di la vuelta por un impulso que no se dejaba reprimir, vi que te habías detenido a mirarme.”

Stefan Zweig - Carta de una desconocida

viernes 12 de junio de 2009

¿Un día cualquiera?

Ruido. Me quejo. Hasta en sueños oigo el sonido del despertador. Abro los ojos. Mal despertar. Otra vez he olvidado que yo no sueño. El reloj dice que es tarde. Correr. Apenas dos minutos para que el agua resbale sobre mi piel. Prisa. Ropa y puerta. Mis pies se mueven solos. Correr. Ruido, empujones y yo sólo quiero dormir. Prisa. Sólo tumbarme en la cama y que nada ni nadie me molesta. Prisa. Entre pisotones oigo un pitido escaparse. Correr. Resoplo. Soy un desastre. Prisa. Correr. Con lo bien que estaba yo en la cama. Calor. Abrir frente a mí. Cerrar. Abrir. Cerrar tras de mí. Correr. Subir. Calor. Otro motor. Prisa. Respiro hondo. Ya está.

La tranquilidad me envuelve. La luz se ha apagado y un cristal da vueltas, sin parar. Pero está quieto, sin preocupaciones. Como yo. Como un rayo cualquiera. Como un ibuprofeno mágico, que puede con todo. Años, historias, viajes. Todo se ha ido. Todo menos una suave voz. No me canso. Ya no quiero dormir, sólo escucharla, sólo paz. Nada se mueve, ojos y risas. Hasta el agua descansa ya.

Vuelve a sonar el despertador. No, yo no sé soñar. Que me pierdo. Adiós. Prisa. Calor. Correr. Correr. Correr.

martes 26 de mayo de 2009

Este partido se juega en Europa

Hoy me ha llegado una carta. No me gustan las cartas. Están anticuadas, obsoletas. ¿Quién necesita una carta cuándo para salvaguardar la cultura ya están los toros? Todas esas tonterías son culpa de Zapatero. Escribiendo cartas en vez de dirigir el país.
Pero a mí me hace ilusión. Jose Luis me escribe habitualmente. Son cartas largas, llenas de sentimiento. Me escribe para explicarme lo que hace, su día a día. Me escribe para explicarme cómo trabaja para mí, para nosotros. Me escribe para corroborar mis derechos y libertades, para describir sus acciones sociales, sus nuevas propuestas.
Me gusta que me escriba, sus frases me dan ánimo, ganas de seguir. Lo que más me gusta es que siempre lo hace de forma desinteresada, sin ningún fin específico. Únicamente para que sienta que hay alguien que se preocupa por mí, se interesa por mis problemas y los de los demás.
Hoy me ha llegado su carta. Las lágrimas resbalaron por mis mejillas, de emoción. En su última carta, Mariano me dijo que también me escribiría pronto. Espero que no tarde, me muero de ganas de que, también él, atienda mis necesidades.
Me encanta que se acuerden de mí, sobre todo cuando no piden nada a cambio.

¿A vosotros también os escriben?

sábado 23 de mayo de 2009

Tormenta

Aún corriendo y mojada, sólo tengo ganas de escribir. Todo lo que se había ido, lo que se me había olvidado cómo hacer, ha vuelto de pronto, disfrazado de tormenta de verano. Gotas de lluvia que me empapan de ilusión, de ganas, de vida.

sábado 9 de mayo de 2009

De cuando la noche es demasiado oscura

Hacía mucho tiempo que no oía el silencio. El eco del tic-tac de los relojes. Me siento en el suelo, a tu lado. Tú respiración es lo único que lo rompe todo, que me rompe a mí. Quiero tocarte, sentir el calor de tu piel -¿aún queda calor en ti?- pero no quiero despertarte. Descansa. Sobre todo descansa.
No te veo, la oscuridad es demasiado negra. Pero te busco, porque sé que estás ahí. Porque te oigo respirar. Porque siento el calor que te queda –sí-.
Me he prometido no llorar, ser fuerte. Pero no puedo. La desesperación empieza a crecer. Me falta el aire que tú respiras, que te llevas, sin dejarme nada. Quiero ayudarte, pero no sé cómo. No sé cómo hacer que me dejes. ¿Qué hago mal? ¿Qué necesitas? Oigo las preguntas rebotar contra las paredes, pero ninguna me devuelve una respuesta. ¿Por qué no me contestas? ¿Por qué no abres los ojos? Te necesito tanto. Tranquila, no dejes espacio al desamparo. Es él quien te necesita fuerte, es él quien necesita ayuda.
Poco a poco el cansancio se apodera de mí. A tu lado, en el suelo, me voy quedando dormida. En el último momento antes de desaparecer pienso que, mañana, todo seguirá igual. Pero, al menos, tú también estarás despierto.

lunes 9 de febrero de 2009

Reflexiones nocturnas varias

Muchas veces me siento como Forrest Gump: loca, rara, tonta, diferente. Creo que voy sobreviviendo, como él, por creer que vivo en un juego. ¿Son, realmente, tan transcendentales las decisiones que tomo? Seguramente sí. Pero sigo viéndolo todo con los ojos ilusionados de un niño ante un juego que le gusta, sabiendo que sólo es eso, un juego. Aunque no le guste perder sabe que, antes o después, terminará todo y volverá a ser como era. Tal vez soy como Camino afrontando, con la ilusión que caracteriza al amor, todos los aspectos de la vida. Tal vez como mi querido Frankenstein, siempre diferente, siempre solo.

Me gusta permanecer bajo la lluvia. Sentir una soledad tan profunda que llega a quemar, siempre con la seguridad de que el agua la extinguirá. No soy fácil de conocer, de entender. Eso dicen. No sé si me encierro en mí misma porque me da miedo hacerme mayor o porque jamás he sido una niña.

Nunca había hablado con nadie sobre ti. Hasta ayer. Expresar lo que llevas dentro siempre ayuda a entenderlo mejor. Con la ilusión abrasando cada parte de mí te busqué. Sin encontrarte. Nunca estás lo suficientemente cerca, siempre sólo pasos esquivos. “Como un beso detrás de la oreja”, dice la voz de un anuncio. “O en cualquier otro sitio”, pienso yo.
Lo único que me rescata del naufragio en esta cama demasiado grande es saber que mi nombre es capicúa.
Quiero ser capaz de aceptar la realidad.

Una niña me susurra que no estoy sola. Y yo sé que alguien, en la distancia, está leyendo para mí.

domingo 18 de enero de 2009

20


Es inherente al ser humano (o eso nos hacen creer) el hecho de hacer un resumen global de nuestra vida en fechas señaladas (o que nosotros mismos señalamos). En dichos repasos, solemos poner el acento en las cosas que no tenemos o que no hemos hecho en vez de en las que sí han sido parte de nuestro camino. Yo, sin querer ser menos ser humano, hago acopio de toda mi valentía he intento hacer un pequeño juicio sobre mis 20 vueltas al sol.
Realmente no tengo nada interesante que contar, nada especialmente gracioso ni memorable. Tengo las manos vacías. Soy una hija normal, una amiga normal, una estudiante normal. No hay nada de mí que sea diferente o extraordinario. Y pienso que eso, tal vez, no esté tan mal.
Sólo hay dos aspectos en mi vida de los que me veo dependiente. La primera son mis ojos o, mejor dicho, mis ojos como instrumento. Todo lo que me rodea merece siempre la caricia de mis pupilas. Podría sentarme toda la vida en un banco y simplemente observar, mirar todo lo que pasa a mi alrededor ya que, por mucho que intente desentrañar cualquier persona u objeto siempre encuentro algo nuevo, siempre se me escapa algo que se le escapa a mi mirada. No puedo evitarlo, no puedo intentar no hacerlo.
El otro acto inevitable es el de pensar. Pienso cosas reales y cosas que me invento, problemas y alegrías, cosas muy y menos importantes, cosas que no pueden ser, cosas que serán, sueños y realidades. A veces me debato entre grandes cuestiones filosóficas, la mayoría del tiempo sobre tonterías. Pero no podría imaginarme una vida sin eso, sin mi cabeza pensante. Muchas veces me dicen “no le des tantas vueltas a una tontería” o “¿pero por qué te haces preguntas tan estúpidas?” o “¿a qué viene eso ahora?”. “Deja de pensar tanto!” y la respuesta siempre es la misma: no puedo. Muchas veces incluso me cuesta dormir porque no quiero parar de pensar.
Al final de un día de duro autoanálisis para descubrir qué o quién soy llego a esta conclusión: unos ojos que observan y una cabeza pensante. Sí, eso es todo después de 20 vueltas al sol.
Y concluyo que algún día tendré que hacerme mayor porque a este paso no llegaré a ser ni siquiera principita.

martes 23 de diciembre de 2008

Frankenstein o el moderno prometeo

Lo intenté varias veces y varias veces fallé, nada raro. Por más que me lo proponía no era capaz de pasar de la primera página, que he terminado por saberme de memoria.
Hace un par de semanas volví a cogerlo, como tantas otras veces. Siguiendo la costumbre, fue cuando no tuve qué leer, “hasta que encuentre algo mejor”. Pero esta vez no fue así. Sin saber por qué, a la noche siguiente volví a aceptarle como compañero de cama. La experiencia fue placentera así que, noche tras noche, me acompañó en las horas más oscuras, cuando todo duerme menos los libros y la luna. Y así hasta que ayer acabó nuestra corta pero intensa relación.
Por el mito, por las historias qué se yo, me esperaba una monstruosa novela sobre un monstruoso monstruo. En definitiva, una monstruosidad. Pero nada más lejos de la verdad.
Frankenstein, un joven científico, crea un ser cegado por la obsesión de descubrir los secretos de la vida. Una vez terminada su obra, huye despavorido al encontrarse cara a cara con su creación, un ser demasiado horroroso como para ser observado. El libro, oda al amor, recrea sus vidas, tanto cuando están juntos como separados.
Bajo mi punto de vista fiel reflejo de la sociedad, no consigo recordar un libro que me hiciera sentir tan vivamente la soledad. Más que la mía propia, la de tantas personas que la sufren. Duele pensar que somos así, tan despiadados, pero pensar, en general, duele. Se me viene a la cabeza “El jorobado de Notre Dame”: ¿quién el hombre, quién el monstruo? Al igual que los diferentes protagonistas, ¿tenemos todos dos caras, un bondadosa y amable y otra cruel y despiadada? Supongo que sí.
El ser, comúnmente llamado “Frankenstein” pero que en ningún momento es bautizado, aspira “sólo” a la aceptación, al cariño y la amistad. A lo largo de las veladas, sus ilusiones se iban despedazando, a la vez que las mías. Llorábamos juntos, sonábamos juntos, todo lo que había a nuestro alrededor se rompía al tiempo. Y sólo deseaba mirar a los ojos a ese “monstruo” y darle la mano, sin miedo, porque ninguno de los dos estaríamos solos nunca más. Quizás Frankenstein cumplió su promesa y terminó su obra, creándome a mí.
¿Realmente no hay nada más? Tal vez sea así; y lo único que nos queda es vagar sin rumbo por la oscuridad. Tal vez sea el moderno Prometeo que ha venido a iluminar con su fuego mis noches.

sábado 13 de diciembre de 2008

CINEMA PARADISO

Anteriormente me habían hablado mucho de esta película y siempre de forma muy apasionada. Nunca había llegado a verla. Hay cosas que te llaman, hay cosas que no. Esta, inexplicablemente, era una de las que no.
Hasta hace poco, había sido relegada a un sitio bonito pero olvidado. Allí permanecía, esperando tranquila, a conquistarme algún día. Y así fue.
Despertó mi interés un día cualquiera, como pasa con las cosas buenas. Sin saber por qué había impactado de nuevo en mi vida, esta vez para quedarse. Cuando vi en clase algunas escenas no pude resistir la curiosidad por saber cómo se coleccionan besos prohibidos.
Hoy, al fin, ha acariciado todos mis sentidos para demostrarme que el buen cine existe, o existió algún día. Ahora las películas ya no hacen soñar, esta es una de las pocas que sí.
Inmersa en una historia sencilla pero que no podía dejar de mirar, me dejé cautivar de nuevo por el amor. Muchas clases de amor: a un padre, a un amigo, al cine, a una pareja.
Sin ninguna duda y pese a la crudeza de su desenlace, me quedo con la escena en el que Alfredo y Toto hacen magia para compartir el cine con todos aquellos que no pueden disfrutarlo en ese momento. Da miedo pensar como lo que antes daba vida a tantas personas está agonizante ahora.
Lo peor de la película: que una de las escenas vistas anteriormente fuera la última.
El amigo que me la dejó me aconsejó que no la viera sin “kleenex”. Por una vez, he hecho caso.
“Un fundido en negro y fuera, un buen temporal…”




La verdad es que me veo, de una manera u otra, reflejada en los enormes ojos del niño. Esa pasión irracional, inexplicable.
Hace años ya que se me abrieron las puertas y los ojos al extraño mundo de la filosofía. Cuando lo descubrí, me cautivó. Comencé a sacar libros de las estanterías de mi padre y a devorarlos, sin que nadie lo supiera. No los entendía del todo pero sí que producían en mí algo que me gustaba. Preguntas y más preguntas. Mi propia lata llena de tesoros que algún día arderá.
Esa curiosidad insaciable siempre me ha acompañado, pero en ese momento terminó por estallar. Necesitaba saberlo todo, leerlo todo, preguntarlo todo. Un mundo sin límites se abrió ante mí.
Pero, como ya se sabe, las cosas “inútiles” todo el mundo las ve bien, pero sólo para un ratito. Después “será mejor que lo dejes”.
Las preguntas nunca se van, es más, cada día descubro más y más. Pero esque “Ana, no se puede saber todo. Limítate a lo tuyo.”
Espero no irme nunca o que, cuando vuelva, no haya planes de demolición.

--Y esque, algunas veces, el último regalo que te puede hacer la persona que más te quiere es dejarte marchar--

lunes 1 de diciembre de 2008

Hoy no sólo me has recordado que debo sonreír, no sólo has sido algo más que un apunte en mi mano.
Hoy me has hecho llorar. Una lágrima ha resbalado sin prisa inundándolo todo. Me has hecho llorar porque estoy bien. Porque estoy bien y puedo compartirlo con alguien que, aunque algunas veces no lo parezca, siempre está ahi.
Gracias por ser mis pinturas, gracias por ser mis colores, mis gominolas y mis 24 chocolates.

Dicen que sólo era lluvia... pero tú y yo sabemos que hoy a nevado.

lunes 24 de noviembre de 2008

Hoy

Hoy me he encontrado de frente con el otoño. Como todo lo que esperas durante todo un año con impaciencia, parece que nunca va a llegar. Pero al final siempre acaba la espera, antes o después.
Hoy se han caído todas las hojas, aún no sé si de pena o de alegría. Aún no sé si es una despedida o ese viaje que tanto anhelaban. Aún no sé si una muerte lenta o el comienzo de una vida mejor. Pero sé que ahora están más desamparadas, que son más libres.
Hoy he visto al viento contento. Jugaba con hojas, bufandas. Jugaba con niños y ancianos, hombres y mujeres. Jugaba sin distinciones de ningún tipo. Se divertía y hacía divertirse a todas las personas y cosas.
Hoy he paseado con las manos metidas en los bolsillos. He despertado a las hojas que se había dormido sin querer, como cuando todos éramos pequeños. Hoy el viento también ha reparado en mí, parecía el único que lo hacía. Y me he sentido acompañada en soledad.
Hoy he recordado tantas cosas. Me he empapado de los colores, que año tras año vuelven a ser distintos, sin cambiar nunca.
Hoy he llorado, sin saber por qué.
Hoy no he echado de menos el mar.
Hoy todo podría haber sido en blanco y negro.

miércoles 19 de noviembre de 2008

Hitler y la libertad

Parece que todos tenemos la palabra libertad en la boca. Unos creen que la tenemos, otros pensamos que no, pero parece la meta final de todos nosotros, tanto para los que realmente la buscan y para los que sólo la nombran.
¿Sabemos realmente lo que significa LIBERTAD? El libro "El miedo a la libertad" la describe muy bien. Fromm plantea su propia idea, en la que el lector acaba por preguntarse si es realmente lo que quiere.
El ser humano, por su naturaleza, necesita sentirse querido, parte de algo. Tendemos a agruparnos para poder identificarnos con los demás, y excluímos a los que no forman parte de nosotros para sentirnos más fuertes.
Eso es lo que he visto hoy en unas imágenes de la época nacionalsocialista. Hitler, apoyado por su partido, dio a las personas lo que querían. Les hizo sentirse parte de algo, de algo con poder. Les dio colores, a todos los mismos. Un símbolo, un gesto, unas palabras. Todos eran uno. Todos perseguían los mismos fines, los de unos pocos. Si el nacionalsocialismo llegó tan lejos no fue sólo porque una minoría lavase el cerebro a los demás, sino porque el resto estaba sediento de nuevas ideas. Necesitaban unidad, necesitaban fuerza.
Y, ¿qué mejor que además "excluír" (por usar algún eufemismo)a los que no pertenecían a su grupo? Eso les daba poder. Manos a la obra.
Por un tiempo todos estuvieron protegidos por su grupo, todos formaban parte de algo que daba sentido a su existencia. Nadie quiso darse cuenta de que, su mesías, no debería formar parte del grupo del que predicaba.
No le quitemos méritos a Hitler. No era una gran persona, pero si un gran vendedor: vendió algo que el resto no quería por un preció desorbitado (otro eufemismo). Pero todos lo compraron.
El libro "The wave" de Morton Rhue habla de un experimento ficticio, en el que un profesor propone a su clase identificarse como grupo. Se inventan unos saludos, unos gestos y unos símbolos. Al principio todo marcha bien, los alumnos se sienten a gusto y unidos. Poco a poco el colectivo va degenerando hasta, como en los años nazis, despreciar al resto, llegando a emplear la violencia por defender y proteger el grupo. Eso sí, dentro del grupo se ayudan y apoyan unos a otros.
¿Quién quiere entonces la libertad? ¿Para qué? Fromm nos describe la libertad como la ruptura de todas nuestras ataduras, y eso es algo que no mucha gente quiere. Romper con las ataduras monetarias, políticas y... sociales. En todos los sentidos. Volver a ser un individuo, sin más. Esa es la verdadera libertad y no la descafeinada que con tanta facilidad nombramos. Dejemos de comprar todo lo que está a la venta.

jueves 13 de noviembre de 2008

Una fotografía. Un momento, instantes. Sabía que allí pasaba algo y tuve la necesidad de mirar. Intenté evitarlo, pero las luces parpadeantes de un coche de policía no ayudaron mucho a mi propósito. Mis ojos se deslizaron poco a poco y, en pocos segundo, supe no tendría que haber mirado.
La imagen que vi me impactó tanto que mi pie pisó el freno de repente, sin avisar. El coche paró en seco y el claxon de protesta no tardó en llegar. Tardé en reaccionar, en volver a meter primera.
Aquella escena aun permanece fresca en mi memoria y, con frecuencia vuelve a mí. Cuando esto sucede, mi mirada sigue perdiéndose en el vacío, mis músculos pierden fuerza y una lágrima asoma tímida, sin hacer ruido, igual que se va. En ella se refleja por unos segundos un hombre. Un hombre y un niño. El primero lucha, lucha contra otro, se aferra con fiereza a lo poco que tiene. Grita con rabia, impotente al ver que le arrancan sin miramientos lo que le mantiene a flote. Pero no se resigna. No quiere que si hijo le vea rendirse. Pelea, grita, intenta zafarse de las garras que le aprisionan. El otro, un niño, llora. Llora porque no entiende, porque no sabe. A sus pies, un par de mantas, una silla rota y una maleta vieja. Toda una vida que espera, tirada en medio de la calle. Sus ojos empañados miran a los adultos. ¿Por qué gritan? ¿Por qué pegan a su padre? Sus brazos cuelgan, sin fuerza, pegados al minúsculo cuerpo. Está asustado pero no tiene miedo a perder, nunca ha tenido nada.
La lágrima huye, al igual que su reflejo, lejos. Muy lejos de una fría mañana frente a la cárcel de Carabanchel.

lunes 10 de noviembre de 2008

Cuando, por “obligación”, tuve que ir a ver una exposición de fotos, me alegré al comprobar que renacía en mí la fascinación por la fotografía que había sentido tiempo atrás. Volví a perderme entre tiempos pasados y presentes, futuros tal vez. Volví a habitar vidas ajenas, a imaginar la historia que se escondía detrás de cada rostro.

Fueron muchas las imágenes que me llamaron la atención, pero sólo hubo una que realmente me conmovió. Estuve largo tiempo intentando desentrañar lo más profundo de su expresión. Esos ojos me cautivaron. Esconden una verdad a la vez tan clara como difusa. El resto del marco pasó prácticamente desapercibido. Peros esa mirada…

Enfrentados al lujo que los rodea, los ojos están tristes. Algo les da miedo, les asusta. Están cansados de mirar, cansados de ver, cansados de ser y de estar. Me da la impresión de que en, cualquier momento, caerá una lágrima. Solitaria conseguirá escapar de la cárcel blanca, del muro que todo lo rodea. Y los ojos serán libres al fin.

jueves 16 de octubre de 2008

Sangre de gato

Después de escuchar que el diario ABC es “de izquierdas”, que España no es racista (Inglaterra tampoco), después de ver a las sociedades del “primer mundo” (?) pagar con alegría, aunque sea con su propio dinero, los lujos de otros, después de tantas cosas me pregunto: ¿qué tenemos en la cabeza?
Condicionados desde que nacemos, damos por válido el mundo en el que vivimos. Con más o menos facilidades nos incorporamos a la sociedad vigente, anteponiendo la comodidad al resto de cosas. Las pequeñas desviaciones son acalladas, todo vale para “enderezarnos”. Así, nos convencen, gritan lo que queremos oír para hacernos sentir mejor. Y nosotros, tan contentos. ¿Qué más se puede pedir? Nos conformamos con poco. Nos vale con escuchar que somos libres (?), que velan por nuestra seguridad (tanto física como económica) (?), que votamos a nuestros gobernantes en una democracia justa (?) y un largo y extenso etcétera. Poco más nos da.
“Yo no tengo la culpa de que otros lo pasen mal”, nos convencemos a nosotros mismo. ¿Mal? Que haya personas en el mundo que se mueran por no tener agua potable es pasarlo bastante peor que mal. Bueno, tampoco es cuestión de amargarse los días pensando en las injusticias, ¿no? “Yo tampoco puedo hacer nada por ellos.”
Para no sentirnos asesinos en exceso, nos apoyamos unos a otros. Nos damos palmadas en la espalda, tampoco es para tanto. “Pobrecitos”, decimos cuando, por ejemplo en la televisión, nos muestran imágenes de la realidad en ese otro mundo al que, para no equivocarse, llamamos “tercero”, “qué injusto es el mundo” y nos vamos a tomar una Coca-Cola con la que manchamos nuestra camiseta de Nike.
Llego a la conclusión de que es eso, que tenemos demasiadas cosas en la cabeza. Tantas, que no nos dejan ver el resto. La pena es que todos esos pensamientos sean superfluos y banales. Nos limitados a “sobrevivir” (como lo llaman algunos que nunca han tenido problemas mayores) dentro de nuestra burbuja, con los ojos bien cerrados, ajenos a todo lo demás porque “queda tan lejos”.
Y ahora sé que esto es lo que tenemos, pobres de nosotros, en la cabeza: sangre de gato.

domingo 12 de octubre de 2008

Ayer por la noche

Mientras Madrid dormía y el cielo descargaba toda su ira sobre la ciudad, recorría las calles solitarias. Todo era de un color gris oscuro y apagado. Mis pasos, rápidos al principio para poder refugiarme de una noche que no parecía amigable, fueron cada vez más lentos.
Miré hacia el cielo encapotado y, cuando mi mirada volvió a posarse en el pavimento, ya no sentía la prisa de llegar a ningún sitio. En su lugar, despertó en mí una única necesidad, la de disfrutar de aquel momento.
Comencé a sentir el viento enredarse en mi pelo y en mis manos. Acariciaba, sin ser invitado, cada parte de mi cuerpo. Al pasar me dejaba sus historias, las que fueron y las que serán. Sin prisa, me contó lo que había visto. Me habló de lugares lejanos y de tiempos pasados mientras jugaba con las hojas secas que había en el suelo. Las gotas de lluvia que caían sin tregua me empapaban de leyendas de mares y nubes, de ríos y viajes.
De pronto, los susurros se extinguieron. Abrí los ojos y no pude encontrar ni rastro de lluvia o viento. Se había ido sin previo aviso y me habían dejado en medio de la calle, sola, en un estado de suspensión. Visiblemente, sólo había cambiado una cosa. Mis labios y mi corazón esbozaban una radiante sonrisa.
Sólo sentía una cosa, el sabor de la libertad en mi paladar. Sin saber por qué eché a correr, sin pararme, deseaba volar.
Y entonces me di cuenta que había sucedido lo que tantas veces había soñado.
Peter Pan había venido, al fin, a visitarme.


*Esta música me hace sentirme realmente libre.
http://www.youtube.com/watch?v=mjh416x-dkY

viernes 10 de octubre de 2008

Eterno compañero


Sí, podría decir que es mi príncipe azul. Y la verdad es que azul sí que es.
Dormir siempre con la misma personita une inevitablemente. Día tras día abrazarse acaba derivando en un cariño indescriptible. Y él, poquito a poco, año tras año, se ha ganado mi corazón.
Nació hace muchos años, casi tantos como tengo yo, en Londres. Todo un cosmopolita. Vino volando hasta aterrizar a mi lado. Al principio, le miré extrañada, sin entender nada.
¿Por qué era azul? ¿Por qué era gordito? ¿Pero por qué? Todas mis amigas tenían compañeros. Pero eran diferentes, más bonitos. ¿Por qué yo no tenía un osito como el de ellas?
Todos los días le miraba y no sabía qué decirle, tampoco quería herir su pequeño corazoncito. Pero es que era tan (tan tan) azul…
Poco a poco fui acostumbrándome a su presencia, fui aceptándole tal y como era. Con vergüenza, casi con miedo, empecé a hablar con él hasta que, un día cualquiera, se volvió imprescindible para mí.
De pronto, no conseguía imaginarme no compartir mi preciado edredón con él, meterme en la cama sin tenerle a mi lado.
Viajó conmigo, conoció todas las camas que yo conocí. Acabó por ser el único que estaba ahí siempre, cuando estaba contenta, triste, cuando me portaba bien, mal, con buen humor y con peor. Nunca me daba la espalda.
Ahora su valor es incalculable. No podría imaginarme ni una noche lejos de él. Ni un disgusto, ni una risa. Nada.
Y, es hoy, cuando me doy cuenta que por muy diferente que sea de todos los demás… mi hipopótamo es perfecto. Un perfecto príncipe azul.

jueves 9 de octubre de 2008

No sabía dónde iba cuando se fue, ni supo qué hacer cuando llegó. Siempre se había sentido perdido, fuera de lugar. Fue una de las muchas cosas que no cambió.
El problema de tener mucho tiempo es que acabas pensando. Y lo malo de pensar es que, antes o después, te acabas dando cuenta de que las cosas van mal. Su mayor agonía eran los trayectos en metro. Ese hervidero de calor y prejuicios le parecía eterno. Aunque lo retrasaba todo lo posible, siempre empezaba demasiado pronto; aunque lo único que deseaba era llegar a su destino, siempre acababa demasiado tarde.
Para distraerse, observaba todo lo que le rodeaba. Siempre veía a su alrededor lo que él nunca podría tener. Veía madres con tiempo para sus hijos, veía gente leyendo, gente hablando y riendo. Intentaba fijarse en todos los detalles. Menos en los ojos. Cuando, sin querer, tropezaba con alguno sentía vergüenza y huía. Nunca llegó a saber lo que realmente se escondía detrás de esas miradas, nunca supo ponerle nombre. Era una mezcla entre miedo, pena, desprecio e indiferencia. Pero lo que menos entendía era el por qué de esas miradas. ¿Acaso era diferente? ¿A caso era peor? No lo sabría.
Algunas veces se sentía tan distinto que, sin que nadie le viera, se le escapaba una lágrima. Lloraba en silencio, sólo, mientras la gente pasaba a su lado, se apretaba contra él en el hormiguero de la hora punta. Nadie reparaba en su llanto, nadie supo nunca por qué lloraba.
En esos momentos, la indiferencia del mundo se le atragantaba en la garganta. Caminaba, sin rumbo, sobre un suelo de cristal que se rompía a su paso, como la vida prometida que había venido a buscar.
Sólo una vez, una única vez, alguien se paró a su lado. Era un niño pequeño. Se quedó unos momentos mirándole. En su mirada no había nada, sólo curiosidad.
- “¿Lloras porque no tienes casa?”, le preguntó de repente.
- “No. ¿Por qué crees que no tengo casa?”
- “Bueno, los negros nunca tienen casa, ¿no?”
Esbozó una triste sonrisa, la sinceridad sin maldad de aquel niño le inspiró ternura.
- “Lloro porque no tengo hogar.”
Y supo que nunca sería feliz.

jueves 2 de octubre de 2008

Una estrella fugaz cualquiera


Durante muchos años había vagado sin rumbo por el espacio. Tomaba un camino, otro, pero nunca tenía claro cuál ni por qué. Le divertía sorprenderse a sí misma con las decisiones que tomaba.
Un día cualquiera, algo llamó su atención. Allí, lejos, había un puntito azul. No pudo resistirse, y decidió acercarse para verlo mejor. A medida que el puntito fue creciendo, pudo ver que su color marino era intenso y brillante y que este se mezclaba con marrones de tierra y arena. Cuanto más se aproximaba a aquella extraña bola, más le atraía; nunca había visto nada igual. Estuvo observándolo durante un largo rato, pero sentía la necesidad de acercarse y ver cómo era realmente.
Aunque la estrella fugaz lo recordaría para siempre, fue apenas un instante lo que les unió. Un breve espacio de tiempo, bastó para saber que nunca había visto nada tan bello. Estuvo a su lado, lo contempló y escuchó como le susurraba palabras, sonrisas y lloros, luces y colores de todos los aromas.
Hubo momentos que hasta rozó su piel, suave y despacio, pero la estrella se puso tan nerviosa que ni pensó ni supo valorar lo efímero del instante. Ni siquiera supo hacer las preguntas adecuadas.
Pero todo se esfumó. De repente, todo se volvió oscuro de nuevo. Tal vez fuera porque la estrella no supo explicarle lo que significaba para ella, tal vez fue culpa de los dos.
Hoy, una estrella fugaz cualquiera piensa que tal vez pueda volver algún día a ese reino y pasar tiempo con su puntito, mientras se aleja, sin remedio, hacia el incierto infinito del espacio.

martes 23 de septiembre de 2008

Meet Joe Black


Love is passion, obsession, someone you can't live without. Find someone you can love like crazy and who'll love you the same way back. And how do you find him? Forget your head and listen to your heart. Because, the truth is there is no sense living your life without this. To make the journey and not fall deeply in love - well, you haven't lived a life at all. You have to try. Because if you haven't tried, you haven't lived.

Stay open, who knows, lightning could strike.


http://www.youtube.com/watch?v=98JKg6uScog

domingo 21 de septiembre de 2008

Sólo un enorme abrazo y mucho cariño que te encuentren estés donde estés... amigo.

Este ha sido, sin duda, un verano diferente. Siempre antes usado para viajar, este año había decidido pasarlo en casa, en Asturias. Y, para mi sorpresa, han sido dos meses maravillosos.
Dos meses en los que la vida cotidiana de personas a las que conocía y personas a las que no, me han ayudado a ver la vida de otra manera. He aprendido que todos ,en algún punto secreto de nuestra fortaleza, somos frágiles. He aprendido que las personas más inesperadas pueden enseñarte, hacer que veas el mundo desde otra perspectiva. He aprendido que las mejores decisiones se toman sin pensar y que tomar una u otra, muchas veces, tampoco tiene tanta importancia. He aprendido que nuestros planes de futuro comienzan aquí y ahora y no "mañana" o "algún día". He aprendido que no todo lo que damos por sentado es y que las personas cambian.
Pero sobre todo he aprendido que soy yo, que necesito a personas de la misma forma que ellas me necesitan a mi y que todo es más fácil si dejas que fluya a su ritmo.

Y hoy, de vuelta en Madrid y degustando un delicioso helado de leche merengada con ayuda de una cuchara de mango rojo, me doy cuenta de que nada va a cambiar y nada seguirá siendo como antes.

jueves 18 de septiembre de 2008

El silencio y la oscuridad de las horas de sueño marcan el compás. Ella espera tranquila, impasible. Acostumbrada a la soledad no tiene prisa porque sabe que, antes o después, él llegará. Y llega, como siempre, antes o después. Ilumina la estancia con una suave penumbra, apenas audible. Sin reparar en ella se sienta a su lado. Cerca, muy cerca. Ella aguarda, deja que el tiempo siga su ritmo, hasta que él la mira con el pudor de un niño pequeño.
Arrastra desde hace mucho un único deseo, tenerla entre sus brazos. Pero se frena, reprime su impulso, y se obliga a ir despacio. Sabe que perderá esa lucha contra una atracción que intenta ignorar, como siempre la pierde. Y lo nota. Poco a poco su cuerpo va cediendo, sus brazos van alargándose hacia ella hasta que la rozan. Rendido, comienza a desnudarla, con cuidado, con cariño, hasta que la tiene ante sí. Sin ropa, sin secretos, tal y como es. La acaricia casi con temor, sin acercarse demasiado, hasta que reconoce la suavidad de su piel, el calor de su cuerpo. Sólo entonces deja que su cabeza descanse sobre ella y la abraza. Con delicadeza la acerca a su pecho, haciéndola suya, haciéndoles uno. Empieza a acariciarla, ella se rinde ante sus manos. Los dedos se entrelazan, el ritmo en inconstante. La toca, como sólo él sabe, hasta que, al fin, ella grita su felicidad entre gemidos y palabra bonitas.
Y así, inmersos en su silencio, desafían al amanecer haciendo un amor que sólo ellos comprenden.


A un bajo que nunca entenderé y su bajista.

domingo 20 de julio de 2008

- Mi padre solía decir que la vida no da segundas oportunidades.

- Sólo se las da a aquellos a los que nunca les dio una primera. En realidad son oportunidades de segunda mano que alguien no ha sabido aprovechar, pero son mejores que nada.


-- Nos iremos lejos. Lejos, donde nadie sepa quiénes somos ni les importe. Te lo prometo --

jueves 17 de julio de 2008

Sólo una mirada...

Pasan los días y yo sigo escribiéndote cartas que nunca vas a leer. He empezado a pensar que las escribo sólo para mí, para matar la soledad y para creer por un instante que te tengo cerca. Todos los días me pregunto que será de ti, y qué estarás haciendo.
A veces pienso que te has marchado para no volver y te imagino en algún lugar rodeado de extraños, empezando una nueva vida que nunca conoceré. Otras pienso que aún me odias, que desearías no haberme conocido jamás. No te culpo.
Hace unos días soñé que volvía a verte, que nos cruzábamos en la calle y no te acordabas de mí. Me sonreías y me preguntabas cómo me llamaba. No sabías nada de mí. No me odiabas. Todas las noches cierro los ojos y espero poder volver a soñar lo mismo.
Mañana, o tal vez pasado, te escribiré para decirte que te quiero, aunque eso no signifique nada para ti.


-- Es curioso lo fácil que es contarle a solas a un trozo de papel lo que no te atreves a decir a la cara --

miércoles 16 de julio de 2008

Me interesa lo mismo que a ti. Me interesan los libros, la literatura, el olor de los tesoros que guardas y la promesa de romance y aventura de las novelas de a peseta. Me interesa espantar la soledad y no perder el tiempo en comprender que en este perro mundo nada vale un céntimo si no tenemos a alguien con quien compartirlo. Ya sabes, lo esencial. Lo demás lo aprenderás y disfrutarás por el camino.

-- El juego del ángel --

domingo 13 de julio de 2008

Campo'08


Me levanto y sobre la mesa de la cocina encuentro una taza de café aún humeante y unas tostadas calientes. Después de desayunar a mi ritmo (tal vez 45 minutos no son suficientes) me doy una ducha, caliente y tranquila. Todavía con la toalla cubriéndome el cuerpo me siento en mi cama, blandita y que no hace ruido. Todo parece perfecto, da la impresión de que no falta nada, pero me siento vacía.

Ayer mi despertar fue muy diferente como lo han sido durante estas últimas dos semanas: con prisas, con ruido, con gente correteando, colándose y dando collejas. Los días empezaban y terminaban trabajando mucho. Parece imposible comparar la comodidad y tranquilidad con el caos y el jaleo pero, a pesar de todo, lo echo tanto de menos que duele.

Echo de menos echaros la leche mientras os pido un ‘buenos días’, echo de menos que nadie me haga caso hasta que grito (y ni siquiera entonces). Echo de menos no poder ducharme porque no dejabais de tocar a la puerta buscando vuestros móviles. Echo de menos entrar en vuestra habitación y decir ‘hola, chic@s’, despertaros con agua e intentar que os fueseis a dormir. Echo de menos jugar al mus y perder al comemierda. Hasta hecho de menos comer hierba. Echo de menos oleros el pelo antes de cenar. Echo de menos las gorras y el ‘la primera vez que entré en el Calderón’, escuchar Wonderwall con vosotros. Echo de menos jugármela (o no) con vosotros, picarme, haceros la púa y romperos. Echo mucho de menos la mirada que lo dice todo y nada.

Dicen que no debería estar así, que ahora estoy mejor, que sólo ha sido un trabajo… Pero yo sólo se que hoy, en Madrid, no brillan las estrellas.

sábado 14 de junio de 2008

Creía

Creía que me gustabas. Creía que te quería. Creía que el cosquilleo que recorría mi estómago cada vez que me mirabas a los ojos era amor. Creía que la velocidad de los latidos de mi corazón cuando estabas cerca se debía a tu inconfundible olor. Creía todo esto hasta que te fuiste. Para volver muy pronto, ya lo se, pero toda una eternidad aquí, esperándote. No quería que te fueras pero ahora, de alguna manera, te lo agradezco. Ya que sólo así y viendo cuanto te echo de menos, me he dado cuenta de que todo lo que creía, sin ninguna duda, es.

jueves 12 de junio de 2008

Escribir

Me siento ante el papel desnudo. Quiero gritar, quiero llorar pero no puedo. Las ganas se revuelven dentro de mí buscando una mínima oportunidad para escapar de la carcel que no las deja salir. ¿Dónde ha quedado la magia de sentarse y escribir, sin más? Busco y busco el hechizo sin lograr más que garabatos, palabras sueltas. Y sangro. Sangro cada letra y cada silencio. Necesito encontrarme, encontrarte otra vez. Necesito salir, volar de nuevo. Necesito escribir.
Negros nubarrones cubren el cielo. Quieren llover, pero no pueden. No podremos descansar hasta volver a llover, hasta volver a sentir y decir lo que llevamos dentro.
Pero yo sigo en el metro. Miro nerviosa a un lado y a otro, mas no encuentro a nadie, está vacío. ¿Será que lo que he perdido es mi pluma?
Y no me queda más que intentar aplacar la ansiedad que me produce no poder escribirme, no encontrar el cómo ni el por qué. Supongo que es lo que tienen los amores imposibles.


"La inspiración acude cuando se pegan los codos a la mesa, el culo a la silla y se empieza a sudar. Elige un tema, una idea, y exprímete el cerebro hasta que te duela. Eso se llama inspiración." Carlos Ruiz Zafón

lunes 31 de marzo de 2008

"Cada minuto es otra oportunidad de cambiarlo todo", retumba en mis oídos, hace eco en el vacío. Me armo de valor y me pongo a andar, dejo que mis pies me lleven donde sólo ellos saben que quiero ir. Mientras camino, pienso lo tonta que soy y sonrío sin poder aún creermelo. Pero intento convencerme a mi misma: "Sólo vas a mirar", me digo, pero sé que no es verdad. Me paro en seco, retrocedo unos pasos. Tengo miedo, como si retrocediera al ver un abismo. Cierro los ojos y te veo. Vuelvo a avanzar hacia delante de nuevo. En un momento podría haberlo cambiado todo, pero no lo he hecho. Sólo un par de metros mas. Cuando cruce la calle habré llegado. Lejos, difuso, entre el sí y el no, pero te veo. Todo se acelera, todo pasa más deprisa, hasta empiezo a andar mas deprisa. Llego a una puerta, está entreabierta. La empujo. Está fría, pero da igual porque ya te veo. También tu me has visto ya. Vienes caminando hacia aquí. Todo se para. ¿Qué haces aquí?... Yo también me pregunto lo mismo...

Escribir para ti...

Las ideas se revuelven en mi cabeza... Quieren salir, quieren convertirse en palabras, en palabras para ti... Pero la lucidez no llega... No consigo desenredar la realidad de los sueños... Pero mi pluma quiere escribir... Busco sin éxito entre libros y poemas algo que me ayude... No, es imposible... Sólo hay una cosa en mi cabeza... tú... El dolor no se cansa de dormir a mi lado... Pasa el tiempo y tantas cosas cambian... tantas... Pero mis sueños, mis sueños nunca cambian... Y sigo queriendo ese abrazo, sigo buscando esos ojos... Quiero verte, tocarte, hablar y escuchar, dejarme llevar...
Espero cada día poder tener un ratito para olvidarme de todo y dedicártelo sólo a ti... Pero espero y espero y ese ratito tarda demasiado en llegar... Y te echo de menos... Y trato de buscar por cada rincón algo que me recuerde a ti para no sentirte tan lejos... Y mis sueños se vuelven a romper... Ya has moldeado demasiadas veces mi arcilla... Y resulta que no han sido más que reflejos de la luna... Y no debería volver a despertar...

viernes 14 de marzo de 2008

Cuando me habló, estaba triste;
Me preguntó la causa de mi tristeza.
Mujer, la causa de mi mal siempre es la misma:
Que yo adoro lo bello y tú eres la belleza.
A menudo, yo soy como el Quijote:
Te idealiza dueña de mi locura
Pero no se me olvida nunca que sólo es sueño
La causa de mi mal, ¡ya ves!, es la cordura.

(Ramón Sampedro)

I hate the way you're always right,
I hate it when you lie.
I hate it when you make me laugh,
even worse when you make me cry.
I hate it when you're not around,
and the fact that you didn't call.
But mostly I hate the way I dont hate you...
not even close...
not even a little bit...

...not even at all...

miércoles 12 de marzo de 2008

No son buenos tiempos para los soñadores...


No son buenos tiempos para los soñadores, no es un buen momento para soñar... "Despierta, despierta"...
Sé que es el momento de dejar de imaginar lo que va a pasar o, mejor dicho, lo que debería pasar... Quiero dejar de ser la princesa de un cuento que nunca termina, dejar de convertirme en rana... Quiero poder ver solamente la realidad, sin adornos propios ni de colores... Pero lo intento y lo intento y soy incapaz... Y vuelvo a pensar: ¿qué tiene de malo ser así?... Y otra vez no encuentro motivos... Y sigo viviendo en el mundo que he creado para mí... Pero sé, en alguna parte de mí sé, que volveré a estrellarme... Una palbra más, una palabra menos y me estrellaré... Y ya no se que es mejor... Si la total pero aburrida seguridad de ver un simple sombrero o la peligrosa magia de ver un elefante dentro de una boa...

Tal vez hoy no necesite ningún principe azul... tal vez el tren se haya ido sin mi... tal vez esta vez vuelva a preguntar a mis sueños... tal vez no...

"You treat life like a picture but it's not a moment that's frozen in time and it's not gonna wait till you make up your mind... at all..." (Rascal Flatts)

lunes 10 de marzo de 2008


CAN'T YOU SEE I WANT YOU BY THE WAY I PUSH YOU AWAY?
[...]

domingo 9 de marzo de 2008

Despedida

Ha llegado el momento, lo sé. No me gustan las despedidas. Pero no puedo irme sin verte. No puedo, sin verte.
¿Lloras? ¿Es una lágrima lo que asoma por tu ojo? ¿Es ese el resultado de recuerdos felices? Los diferentes momentos vividos juntos, disfrutados, se resumen ahora en una lágrima que ya se deshace entre tus labios. ¿Vendrán más? Ninguna que la iguale. Ninguna mas que sepa susurrarme, ninguna en la que se reflejen tantas emociones.
Intento mantenerme fría para convencerme a mí misma de que no te quiero tanto, pero los dos sabemos que finjo. Los dos, que finjo.
El tiempo pasa, me tengo que ir. Un último abrazo. Otra vez me preguntas, si de verdad me tengo que ir. Otra vez te contesto, que nos volveremos a ver. Empiezan a resbalar lágrimas por mis mejillas. Me tengo que ir, te susurro al oído. Me abrazas más fuerte. No me vas a soltar, lo sé. No me lo pongas más difícil, por favor. No ahora. Sabes que no tendré fuerzas para irme. No me pidas que me quede, no lo hagas. Quédate, resuena de repente en mis oídos. ¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho? Cierro los ojos. Respiro por última vez tu olor. Suéltame, ordeno bruscamente. Los dos, que finjo. Con un pequeño empujón me separo de ti y pongo espacio entre los dos. Tus ojos se clavan en los míos por última vez. Las lágrimas siguen recorriendo mi cara sin parar. Silencio. Volveré…

sábado 8 de marzo de 2008

La princesa y el enano

Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día de su 13 cumpleaños se celebró una gran fiesta a la que acudieron trapecistas, magos, payasos... pero la princesa se aburría. Entonces apareció un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire.
- "Sigue saltando, por favor", dijo la princesa.
Pero el enano estaba muy cansado y necesitaba descansar. La princesa se puso muy triste y se fue a sus aposentos. Al rato, el enano se fue a buscarla convencido de que la princesa se iría a vivir con él al bosque. "Ella no es féliz aquí", pensaba el enano, "Yo la cuidaré y la haré reír siempre." El enano recorrió el palacio buscando la habitación de la princesa pero, al llegar a uno de los salones, vio algo horrible: ante él había un monstruo con ojos torcidos y sanguinolentos, con las manos peludas y los pies enormes. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que era él mismo reflejado en un espejo. En ese momento entró la princesa con su séquito.
- "Ah, estás ahí, que bien. Baila otra vez para mi, por favor."
Pero el enano estaba tumbado en el suelo y no se movía. El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso.
- "Ya no bailará más para vos, princesa", le dijo.
- "¿Por qué?"
- "Porque se le ha roto el corazón."
Y la princesa contestó:
- "De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio... no tengan corazón."

(Basado en un cuento de Oscar Wilde)

martes 4 de marzo de 2008

Esta soy yo...


Dicen que duermo poco, que me río poco, que hablo poco… Dicen que me pierdo entre mis sueños, que no sé dónde está mi sitio, que debería poner los pies en la tierra… Dicen que me pierde mi mal genio y que soy un desastre… Dicen, dicen…
Las personas siempre piensan que te conocen… Te evalúan y clasifican, y se sienten seguros demasiado pronto… Su punto de vista se vuelve una realidad muy difícil de cambiar… Entonces se sienten bien y dicen con orgullo que te conocen… Cuando haces algo que no entra en sus planes, significa que te pasa algo “raro”, no contemplan la posibilidad de que, simplemente, no eres como ellos creen…
Llega un momento que te hacen dudar, que ya no sabes quién eres, si tú mismo o lo que ellos ven en ti… Pero después llega otro momento, en el que te das cuenta de que no eres la pieza de ningún puzzle, de que no tienes que ser para nadie que no seas tú…
Y es entonces cuando eres libre… Es entonces cuando empiezas a tomar decisiones verdaderamente tuyas… Y ya no te importa que sea raro o no, que a los demás les guste, que les parezca bien o mal…

Esta soy yo, ni mejor ni peor… Y dicen que soy diferente, rara… Pero lo único que sé es que nadie me conoce porque ni yo misma me entiendo… Y está bien que sea así, está bien ser un caos… Creo… Y me entran ganas de llorar… pero es época de sequía…

jueves 14 de febrero de 2008

SAN VALENTÍN


¡FELIZ SAN VALENTIN!

Ahora corre a la calle y gástate el dinero en peluches, corazones y flores...
¡Viva el amor verdadero!

martes 5 de febrero de 2008


Lo malo de llorar cuando uno pica la cebolla no es el simple hecho de llorar sino que, a veces, uno empieza... y ya no puede parar...

jueves 31 de enero de 2008

-Toma- me dijiste cuando nos conocimos-. Leelo cuando yo ya no esté.

Ahora te has ido y yo abro esa servilleta, que aún se conserva blanca, y descubro...
que no hay nada escrito...

...Son tan fuertes mis latidos que el sonido de mi voz
no se escucha cuando a gritos pide que me haga mayor...

viernes 25 de enero de 2008

Vanilla Sky



EVERY PASSING MINUTE IS ANOTHER CHANCE TO TURN IT ALL AROUND...

miércoles 23 de enero de 2008


Un caos de gritos...
Un caos de sueños...

Tengo que ser algo más...

Belleza inmortal


Una mujer desconocida y vestida de terciopelo negro entró en su fiesta. Era muy pálida e increíblemente bella. Algunos hombres quisieron bailar con ella, otros invitarla a tomar algo, pero ella, con educación, se negó.
En su camino hasta el trono hubo algunos que la reconocieron y, de repente, todo se quedó en silencio.
Cuando llegó ante la reina, hizo una reverencia. La reina le cogió la mano y la acompañó.
Ella y la muerte se fueron antes de que terminara la última canción.

sábado 19 de enero de 2008

Una noche de viernes

Un ‘te quiero’ esparcido por el suelo… Trozos de cristal flotando en el aire sin dueño… ¿Dónde van los recuerdos cuando se olvidan?... Cuerpos sin vida, ideas entrelazadas… Un suspiro y un parpadeo… Un caramelo se deshace en la boca… Te cambio un beso por una sonrisa… El ruido de unos tacones y una uña mordida… Calor… Una copa desaparece entre trozos de cartón… Humo y fuego… Risas, todos… Un corazón es mordido, sólida sangre roja se disuelve en la garganta… ¿Y si no?... Una cabeza perdida, ojos cerrados… ¿Dónde va lo que no ves?... Unos pendientes y una tela… Unos ojos que esperan un botón… ¿Dónde va la tristeza cuando sonríes?... Cuerpos perdidos que gritan en silencio… ¿Dónde van las palabras que no se dicen?... Un deseo desesperado… No huele a nada… Interminable la espera y un tapón en el oído… ¿Por qué no huele a nada?... Figuras que se mueven, tristeza que me busca… ¿Dónde van los sueños que no recuerdas?... Pupilas expectantes, se encogen las ideas… Se enreda en las pestañas, llega tarde la soledad y las cerillas no se apagan… ¿Quién se bebe las lágrimas?... Un anillo se derrite y la barbilla no puede más… Ya está oscureciendo, parece que va a amanecer.

viernes 18 de enero de 2008

Los 19

Llega un poco tarde esta entrada, pero esque llevo un día muy intenso...

Bueno, pues ya estoy un pasito mas cerca de la crisis de los 20 (que aunque no os lo creais, existe... y sino preguntarle a Jose).
Este último año mi mundo a cambiado mucho... He empezado, por así decirlo, una nueva vida... Tal vez mejor, tal vez peor, pero diferente de cualquier forma...
Lo que sí se, es que me ha traído personas que me han hecho cambiar... Pero a la vez me han dejado seguir siendo la persona que soy...
Espero seguir cumpliendo años a vuestro lado...

Haceís que mi vida merezca la pena un poco más cada día... -GRACIAS-

martes 15 de enero de 2008

AMERICAN HISTORY X

Pensaba que no existía nadie en el mundo que no hubiese visto esta película. Pero, tras haber comprobado que sí, hago esta entrada por si queda algún despistado más por ahí, para que la vea.
La historia es perfecta y la actuación de Edward Norton brillante.

La trama de la película es la siguiente: Derek, un neonazi, es condenado a prisión tras matar a una persona negra. En la cárcel cambia su actitud y su forma de pensar pero, cuando por fín vuelve a casa, ve como se ha convertido en el héroe de su hermano pequeño que intenta imitarle y sigue sus pasos. A partir de ese momento concentrará todos sus esfuerzos en intentar que Dani se de cuenta de que el camino del odio no es el mejor.


- ¿Alguna vez has hecho algo que mejorara tu vida?

- No... Ayúdame...

"El odio es un lastre, la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado."


"¿Será que, en el fondo de nuestra conciencia, sabemos que la pasión amorosa en un invento, un producto de nuestra imaginación, una fantasía?"

-Gracias, amigo.-

lunes 14 de enero de 2008

Echar de menos

Entre hojas y ceniza miro por la ventana…. ¿Qué significa lejos?... Puedo oírte, verte… Pero lejos es no poder tocarte… ¿Qué estarás haciendo ahora?... ¿Estarás mirando por la ventana, como yo? Aquí hace sol, luego llueve… ¿Allí hará frío?
Vuelvo a las letras y al humo… Todo sigue aquí, todo sigue como siempre… Tengo ganas de hablar contigo para que acabe la monotonía, para que empiece a pasar el tiempo… Pero no, todavía no… Aún es pronto… ¿Cuándo volverás? ¿Habrás tardado en levantarte? ¿Habrás perdido… Me sorprendo con la mirada de nuevo al otro lado del cristal… pero ahora hay una sonrisa en mi cara…
Intento volver a concentrarme en lo que hay aquí, en las palabras… Canciones… “Todo lo que tengo que hacer es soñar”… Y entre sueño y sueño no consigo volver a la realidad…
Lejos… Si, estás lejos… ¿Se puede echar de menos algo que nunca has tenido, algo que no tienes?
Antes de volver a mi casa, a mi habitación, a mi vida sin ti, simplemente quería decirte cuanto me gustaría que estuvieses aquí y, si es posible echar en falta algo que nunca has tenido, cuanto te echo de menos…

Un beso

jueves 10 de enero de 2008

Un poco tarde llega la primera entrada del año... (Lo siento, bohemios y principito)

Empieza un año... Supongo que la única diferencia será el escribir la fecha en nuestras queridas hojas de la facultad... Supongo que nada más ha cambiado... Y, sin embargo, siempre acabo llorando cuando termino de tomarme las uvas... Siempre acabo recordando el año que se termina, imagenes, situaciones... Pienso en lo que me espera, en lo que deparará el futuro... Y me acabo emocionando... No puedo evitar darme cuenta de que nada de lo que fue volverá a ser aunque aparentemente nada cambie... Y es eso, supongo, lo que más miedo da... Ni lo bueno ni lo malo será nunca más ni bueno ni malo... Queda, simplemente, en el pasado, en recuerdos que se pueden perder sin más... Me gustaría retenerlo todo, guardarlo todo en una cajita para poder sacarlo en muchos muchos años... Pero no puedo, se me escapa, como el tiempo... Y sin darme cuenta, estoy en un nuevo año... Otro más... Otro menos...
Y sólo me queda, a parte de desearos que seais lo más felices que podais en este nuevo año, agradeceros que hayais empezado a formar parte de esa cajita imposible y recordaros que pongais bien la fecha en nuestras queridas hojas de la facultad...

Un beso muy grande

martes 18 de diciembre de 2007

Sólo una cosa

Dices que no se puede querer tan rápido... ¿Qué es rápido?... Te conozco desde hace dos meses y un poquito, pero he aprendido a quererte como a amigos de toda la vida...
Aprendo de tí cada día y me haces darme cuenta de lo diferentes que pueden ser las cosas vistas a través de otro cristal... Has hecho que te odiara a veces diciendome cosas que me dolían pero, por suerte, también me has hecho ver que, pese a todo, eran ciertas...
Hoy, por una tontería, me he dado cuenta de lo que necesitaba un abrazo tuyo que, por supuesto, ha llegado al final... Me has hecho sonreir! Y hasta me has dado un beso de esos que dices que no me darás más!

Un día Güis (aquel profesor de filosofía) me pidió que definiera el amor... Yo le dije: Amor es ser y estar... en cualquier momento... en cualquier situación...
Para mi, el amor de cualquier tipo se puede resumir (muy resumido) en eso... Tú lo cumples... Ríendo o llorando...

Por eso, sólo puedo decirte una cosa... Gracias, amigo...

domingo 16 de diciembre de 2007

Volver a ser un niño...

Te acuerdas de aquel tiempo, en el que las decisiones importantes se tomaban mediante un práctico... 'Pito-pito gorgorito...'? Cuano se complicaban las cosas, se podí­an detener con un simple...'No ha valido' o ¡CASA!.' Los errores se arreglaban diciendo...'Empezamos otra vez'. El peor castigo y condena era que te hicieran escribir 100 veces... 'No debo...' Tener mucho dinero solo significaba poder comprarte un helado... o una bolsa de chucherí­as a la salida del cole... Hacer una montaña de arena podí­a mantenernos felizmente ocupados durante toda una tarde... Para salvar a todos los amigos... bastaba con un grito de...'Por mi! Por todos mis compañeros y por mi primero'. Siempre descubrí­as tus más ocultas habilidades, a causa de un ¿A que no haces esto? 'TONTO EL ÚLTIMO' era lo único que nos hací­a correr como locos...hasta que sentíamos que el corazón se nos salí­a del pecho... El 'poli y ladrón' era solo un juego para el recreo, y por supuesto era mucho más divertido ser ladrón que policí­a... Los globos de agua... eran la más moderna, poderosa y eficiente arma que jamás se habí­a inventado... La mayor desilusión era haber sido elegidos últimos para el equipo del cole... Nunca faltaban los caramelos que tiraban los reyes en Navidad, ni el dinero que nos dejaba el ratoncito Pérez bajo la almohada... 'GUERRA' solo significaba arrojarse tizas y bolas de papel durante las horas libres en clase... Los helados y la leche con galletas constituí­an el grupo de los alimentos básicos y esenciales... Quitarte las ruedas pequeñas a la bici significaba un gran paso en tu vida... El mayor negocio del siglo era conseguir cambiar los diez cromos repetidos por el que hacia tanto tiempo que buscabas... Hacer cabañas con ramas cuando íbamos de excursión al campo nos entretení­a durante horas...hasta que vení­an a avisarnos de que tení­amos que marchar y llorabamos desconsolados... Todos te admiraban si lograbas cruzar la comba mientras saltabas... Creerte superman o supergirl...y ponerte el 'babi' del cole a modo de capa mientras, subidos en cualquier escalón, deseabas con todas tus fuerzas poder volar como ellos...

Todas estas simples cosas... nos hací­an felices, no necesitábamos nada más....un balón, una comba y dos amigos con los que hacer el ganso durante todo el dí­a...

NUNCA PERDAIS AL NIÑO QUE LLEVAIS DENTRO PORQUE ES LO QUE DA SENTIDO A LA VIDA



El último en leerlo... ¡¡¡LA LLEVA!!!

miércoles 12 de diciembre de 2007

Los amantes del círculo polar

Cuando hace frío la mayoría de las cosas van más deprisa, o llegan antes. Me refiero a las casualidades. Me encanta que haga frío.

Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases. SI. Podría contar mi vida uniendo casualidades. La primera y la más importante fue la peor...

Es bueno que las vidas tengan varios círculos. Pero la mía, mi vida, sólo ha dado la vuelta una vez y no del todo. Falta lo más importante. He escrito tantas veces su nombre dentro. Y aquí, ahora mismo, no puedo cerrar nada. Estoy solo.

Estar enamorada no es fácil. No basta con desearlo, hay que oírlo.

Sentí que algo conocido se había metido dentro de lo desconocido, había llegado al fin de algún sitio. Tuve un pálpito, fue el primero de muchos.

- ¿Y a mí qué me vas a regalar para Navidad?
- Nieve, toda la que quieras...

Nunca he tenido el corazón tan rojo.

- Tú eres Ana, la hermana de Otto.
- Si, tenemos los nombres capicua, eso no se borra.

Mi padre me decía que mi nombre era capicúa para que mi vida se llenara de suerte... así que me dio un vuelco... la vida.

martes 11 de diciembre de 2007

Cuando estoy contigo

El cielo está gris. El suelo del parque mojado. Los columpios barridos. Hace frío, mucho frío. Pero, ¿qué más nos da? Cuando estamos así sentados en un banco, cuando me abrazas tan fuerte que hasta siento los latidos de tu corazón, cuando tienes tu cara tan cerca de la mía que siento tu respiración en mi mejilla el tiempo pasa tan deprisa... Demasiado. Ojalá este momento no se acabara nunca. Ojalá pudiera tenerte siempre tan cerca. Ojalá esta inmensa felicidad durara eternamente.
Tan esclavos del tiempo, sólo tenemos un par de horas para darnos en esta tarde de viernes. A veces, te juro, de veras, que siento no darte la vida entera, darte sólo estos momentos. Pero alguien me dijo un día una indudable verdad: que olvidamos las pequeñas alegrías por lograr la gran felicidad. Por eso, nada de pensar en este momento. Sólo sentir. Sentirte, sentirme. Sentirnos.
Dejo que el tiempo se pare, sólo unos segundos. Dejo que tus brazos acorralen mi cuerpo. Dejo que tu olor invada mis sentidos. Dejo que tu aliento penetre por cada poro de mi piel. Dejo que la felicidad me inunde.
Noto tu mirada clavándose en mi. No me atrevo a devolvértela. Soy incapaz de aguantar la mirada de esos ojos que nunca bajan la guardia, lo sabes. Al final lo consigo. Después de unos segundos me rindo, aunque el cosquilleo en la tripa aún no se ha ido del todo.
Es la forma de mirar de esos ojos azules la que me hace sonreír, la que mueve mi mundo.Poco a poco ha ido pasando el tiempo. Los segundos se han convertido en minutos y los minutos en horas. Tienes que irte. Sólo una última caricia, un último roce. La piel se me eriza con el último beso. Sé que mañana te volveré a ver pero hasta mañana que mucho tiempo. Toda una eternidad.

Había una vez...

¿Cómo empezaban todos los cuentos? Ah, sí...

HABIA UNA VEZ una princesa que vivía en un castillo llamado apartamento en una aldea llamada Madrid. Y preguntareis, ¿cómo va a existir una princesa en el S.XXI? Pues bien, ella era una princesa. No llevaba corona ni largos vestidos de seda pero dentro, muy dentro de su corazón ella sabía que era una princesa. Todos sabemos que toda princesa tiene que tener un príncipe y, como no iba a ser de otro modo, ella estaba muy enamorada de un príncipe. Por lo menos ella creía que lo era, aunque luego descubrió que sólo era una rana buscando a alguien que le convirtiera en príncipe. Éste caballero sabía muy bien que poseía el corazón de la princesa y, como él quería convertirse en un príncipe, pasaba mucho tiempo con ella; y aquellos momentos juntos alumbraban a la princesa con la ilusión de poder alcanzar algún día a su amado.
Un día, la princesa descubrió que su príncipe había encontrado a otra princesa. Aquel día la princesa lloró amargas lágrimas de cristal que recorrieron sus mejillas. Creía que nunca nadie iba a poder recomponer su corazón ahora hecho añicos.
Un día que la princesa estaba paseando por el jardín del castillo, al que los aldeanos llaman “Retiro”, un ángel bajó del cielo para hablar con ella. Era un ángel sin alas y no iba vestido con una túnica blanca, pero era un ángel. Ella lo supo nada mas verle. Sólo con oír su dulce voz cuando la saludó, se estremeció. Estuvieron largo tiempo paseando y hablando. Lo más increíble fue que la princesa, que desde hacía varias lunas nuevas que sólo pensaba en el caballero, no se acordó de éste ni un instante mientras estaba con el ángel. Después de pasear durante horas, el ángel dijo que se tenía que ir, pero que se verían al día siguiente. Y así fue. Y poco a poco, casi sin darse cuenta la princesa se fue enamorando él. Era como si el ángel le hubiera tejido con cariño y ternura una nube con la que la princesa podía volar a un lugar, que la gente acostumbra a llamar felicidad.
El ángel hacía que la princesa se sintiera especial y querida y cada vez que le veía mariposas bailaban en su tripa. La princesa quería pasarse toda la vida con el ángel. Quería dormirse y despertarse a su lado, quería desayunar, comer y cenar con sus besos. No quería tener que separarse de él nunca más ni un segundo.
Sólo había una cosa que les separaba. Los padres de la princesa no querían que su hija estuviera con un ángel, querían que buscara un príncipe, seco y frío, pero con mucho dinero, como todos los príncipes del mundo. Por eso prohibieron a la princesa volver a ver al ángel. Nuevamente la tristeza salpicó a la pobre princesita, pero ésta vez la melancolía vino para quedarse. Así fue como la princesa vivió sola para siempre. Lo único que la acompañaba era el recuerdo de aquel ángel al que amó, del amor de su vida. De aquel ángel, que tantas veces había sido la única razón para que siguiera viva.
Los años pasaron y el último suspiro de vida llegó para la princesa. Y su último pensamiento fue para su ángel. Y su último deseo no fue otro que poder volver a dormir al lado del ángel, aunque sólo fuera una noche.
Y, como siempre ocurre, la princesa fue al cielo convertida en estrella. Y todos sabemos que cuando se pide algo con mucha fuerza y cuando es un deseo que de verdad nace en el corazón, se cumple. Y así, aunque la princesa no lo sepa y tal vez nunca lo descubra, la estrella que brilla siempre a su lado es el ángel que nunca más se va a separar de ella y que va a ver el sol y la luna siempre al lado de la persona a la que más quiere y va a querer para siempre.
Y desde el cielo la princesa observa a todas las princesas, que aunque no llevan corona ni largos vestidos de seda, dentro, muy dentro del corazón saben, que son princesas.

Ah, casi se me olvida...COLORIN, COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO

martes 4 de diciembre de 2007

Odio

Otra vez, la puerta de su habitación se cerró para defenderla, cobijarla, esconderla. Otra vez se apoyó en ella, con los puños cerrados con fuerza y la lengua apretada entre sus dientes. Otra vez comenzó a contar, uno, dos, tres, sin que diera resultado. Otra vez, gritaba, muy alto, para dentro, sin mas desahogo que un par de lágrimas, que resbalaron por su mejilla llenas de impotencia, rencor, ira, dolor y odio, sobre todo odio. No quería pasar ni un solo día mas entre aquellas cuatro paredes y rodeada de esas personas. Esas personas, esas discusiones, esos gritos y ese miedo. Se hizo gracia a sí misma, pensando lo mismo que ayer y que antesdeayer. Siempre volvía a caer, siempre volvía a pasar, siempre. Oyó sus firmes pasos acercarse. Ya conocía aquella sensación, aquel impotente pánico a su fuerza. Suplicó, a quienquiera que la escuchase, si es que alguien lo hacía, justo antes de sentir la puerta golpearla, no con mucha fuerza. Vuelve a sentarte donde estabas, escuchó antes de soltar un leve suspiro de alivio, aunque lo peor estaba por venir. Apretó mas aún sus puños y dientes, si era posible, y obedeció sin rechistar. El miedo la dominaba, aunque no sabía que prefería. Él aguardaba al otro lado de la puerta. Sin ni siquiera levantar la mirada, ella cruzó el umbral de la puerta, eso si, lo mas arrimada al otro lado que podía, y se dirigió hacia donde había estado sentada. Oía su respiración detrás de ella. Sentía su rencor crecer junto con la impotencia frente a él. Su cuerpo comenzó a temblar y a aliviar aquella furia de la única manera en que su sentido se lo permitía, llorando. Una vez sentada, intentó perder su mirada, en cualquier parte, daba igual. Trataba de distraerse, no pensar en ella, pero no sabía cómo. Comenzó a entonar mentalmente una canción. Intentaba concentrarse en ella, convertirla en la reina de todos sus pensamientos. Lo intentaba de verdad, pero las lágrimas le brotaban de los ojos cerrados sin parar. Comenzó a gritar otra vez, en silencio, claro. Abrió los ojos y se sorprendió a sí misma con las uñas clavadas en sus piernas desnudas, desgarrando su piel y dejando gruesas líneas rojas tras de sí. Era la única manera, no había otra, de gritar. Puedes irte ya, si quieres, resonó en sus oídos. Dilo, pensó ella, dilo, que te mueres por hacerlo, Solo lo he hecho para que me respetes, venga, dímelo. Respeto, le hacía gracia esa palabra, y la facilidad con que la gente la confundía. Porque a ella, ni de lejos le parecía lo mismo respetar que temer. Y ella, no le respetaba… Se levantó y se dirigió hacia su habitación. Antes de haberle dado tiempo a salir de la sala, unas palabras se clavaron en sus oídos. Suplicó de nuevo, aunque ya sabía, que nadie la escuchaba. Suplicó en silencio, para sus adentros, que esas no fueran las palabras que ella creía. Pero el eco que habían hecho en su interior, le contestaron, haciéndole enloquecer de rabia. No quiero, se atrevió a responder. Él se levantó amenazante y repitió con firmeza, Dame un beso. Comenzaba a perder el control. Su cara ardía, sus ojos no dejaban de llorar, como los negros nubarrones de una tormenta, su lengua sangraba, dolorida, atrapada entre sus implacables dientes. Gritaba, mas alto que nunca. Cuando sus caras se acercaron, pensó irremediablemente en hacer lo único que le apetecía en esos instantes, escupirle, asqueada por su persona al completo, pero no pudo. Esa persona también incluía demasiada fuerza. Apenas sus labios hubieron besado su piel, salió corriendo, a refugiarse entre sus sábanas. Y allí calló, rendida, abatida y humillada. Después de aquello, no le quedaban fuerzas ni para odiarle. Se encogió en sí misma y se abrazó a la almohada, sola. Sin nadie que le dijese, No llores, yo estoy contigo, o, Duerme, mañana estarás mejor, o, simplemente, la abrazase y llorase con ella en silencio. Sola. Suspiró y se puso a llorar. A llorar hasta la última lagrima que le quedase, no podía guardar ninguna. Para que mañana, en el trabajo, nadie note nada.

El Principito






Después de mucho tiempo, dedicaré esta entrada a uno de los libros que más me ha enseñado sobre la vida y sobre como vivirla: El Principito.


El Principito me enseñó a dibujar boas abiertas y boas cerradas, aprendí que los baobabs pueden ser muy peligrosos, que las flores pasan frio y que los números no sirven para nada.


Pero sobre todo me hizo soñar, me mostró que hay otra forma de mirar el mundo, que todo puede ser más fácil y que el Principito siempre caminará conmigo.




"Para mí, éste es el más bello y el más triste paisaje del mundo. Fue aquí donde apareció el principito en la Tierra, y luego desapareció.
Mirad atentamente este paisaje para que estéis seguros de reconocerlo, si algún día hacéis un viaje a Africa, al desierto. Y, si llegáis a pasar por allí, no tengáis prisa, os lo suplico, ¡esperad un poco exactamente debajo de la estrella! Si entonces un niño viene hacia vosotros, si ríe, si tiene cabellos de oro, si no responde cuando se le pregunta, adivinaréis al momento quién es. ¡Entonces sed buenos conmigo! No me dejéis tan triste: escribidme en seguida que él ha vuelto..."


*Gracias, amigo, por la idea y por, de repente y sin saberlo, devolverme la ilusión. Esta entrada también para ti, principito...



domingo 25 de noviembre de 2007

V de Vendetta


Usare esta actualización para contestar a recientes comentarios y conversaciones.


Sólo os diré una cosa: V de Vendetta. En esta película (nunca he leído ninguno de sus cómics), V pone voz a mis ideas.


"He visto con mis propios ojos el poder de los ideales. He visto a gente matar por ellos y morir por defenderlos. No se puede besar un ideal, ni tocarlo o cazarlo; los ideales no sangran, no sufren, y tampoco aman. Pero nos dicen que recordemos los ideales, no al hombre, porque un hombre se puede acabar. Pueden detenerle, pueden matarle, pueden olvidarle, pero 400 años más tarde los ideales pueden seguir cambiando el mundo."

"Bajo esta piel hay algo más que carne y hueso, hay una idea... Y las ideas están a prueba de bala."


"Hay un rostro bajo esta máscara pero no soy yo. Ese rostro no me representa más que los músculos y los huesos que hay debajo."


Siempre que he visto cambiar el mundo ha sido a peor... Este mundo necesita algo más que parlamentos, necesita esperanza. Una mente abierta puede cambiar el mundo, pero muchas veces el único veredicto es venganza...


Un beso muy grande a todos y recordad: "Anarquía significa sin líderes, no sin orden."

martes 20 de noviembre de 2007

Dos sombras

La historia de ellos dos quedó sin nadie,
quedó en rumor de sueños
sin terminar, como los sueños son.
Fue un trazado de pasos
en las noches robadas a una niebla
que no dejaba ver sus emboscadas
más allá del perfil de la ciudad,
de las calles abiertas al secreto,
de los cuerpos desnudos.
Se soñaban la vida y el amor.

Ella aceptó la entrada al laberinto
de cristales y espejos de aventura.
Se llenó de palabras y deseos y espacios.
Su determinación era un camino,
largo como soñar despiertos
y supo que podría, que aquel hombre
figuraba un destino
que pasaba por ella solamente.

En él se sublevó su tiempo.
Se conjuraron
deseos y memoria,
las vidas que pensara,
otra historia, otra suerte
por aquella mirada oscura enorme,
por aquella pequeña soledad
cálida como noche de verano.

Nunca se sintió libre
aunque fueron alegres los días del amor,
y la complicidad del sueño
era un viaje sin pausa,
una tregua en los días de vacío.

Somos siempre nosotros los que nos engañamos.

Recorrieron las luces de las noches,
invadieron las casas de otra gente,
soñaron el amor como una norma,
como si de verdad fuera posible.
Fueron días azules, madrugadas
con un sabor intenso a realidad y a ron.
No había despedida en los adioses.

Y luego llegó el miedo, llegó el ruido,
llegó la furia de la posesión
en aquel laberinto de espejos y cristales,
de cuartos asombrados sin historia,
de teléfonos, trenes, aeropuertos.

Nada pudo evitarlo,
ni los otros, ni el frío, ni la niebla:
quienes iban a ser no fueron ya.
El perdió su destino en un instante,
o lo cambió por nada sucesiva.
Ella no fue quien pudo.

Ahora los dos recuerdan, imaginan,
y sus sombras vacilan en la noche
de una ciudad pequeña, dos fantasmas
que nadie puede ver
por las calles azules y desiertas.

Ya son, mientras recuerden, dos ausentes.

(Francisco Diaz de Castro)

Una verdadera historia de amor


El otro dia, cuando mi madre llegó a casa, tarde, después de una larga jornada de trabajo, yo estaba escuchando a Silvio Rodriguez (adorado por ambos, mi padre y mi madre).
Mi madre se dejó caer en el sofá, a mi lado, para disfrutar de la música.
Cuando se acabo la canción levantó unos ojos llenos de lágrimas, me miró y me dijo:
"Si algún día me falta papá (mi padre), creo que no podría volver a escuchar a Silvio, se me partiría el corazón."

Me pareción la más bonita declaración de amor. Me di cuenta de que, incluso después de tantos años, de tantos momentos faciles y dificiles, después de todo, siguen enamorados.

Por ellos.

lunes 19 de noviembre de 2007

Un día de lluvia

La lluvia todo lo trae y todo lo lleva… Me empapa, moja mi corazón… Quiero gritarle a la lluvia todo lo que llevo dentro, pero ella misma me acalla… Mi corazón llueve, sangre sobre el mundo, sobre mí… Mis lágrimas se confunden con sus gotas, llueve felicidad… Dices que debería reir… Y, ¿qué voy a hacer yo, amigo, si el amor me inspira melancolía?... Llueven lágrimas de felicidad…
Feliz de poder sentir, feliz de saber sonreir… Dices que debería hablar… Pero qué bello es, amigo, el secreto… Lágrimas en silencio, bajo la lluvia, que no duelen…
Lágrimas hermosas, sonrisas ocultas, una espera que acaba, una palabra bonita, secreta…
Pero llueve, sin más… Llueve… Las calles desiertas acompañan mi vida, mojadas como mi corazón, inundadas… Inundadas de vida, de futuro, de todo…
No sé donde voy, amigo, pero sé que quiero caminar… Sé que algo bueno trae este día de lluvia… Algo bueno está por llover…
Y las gotas dibujan una sonrisa en mi cara y mis pasos se pierden en la oscuridad… Llueve, corazón…

miércoles 14 de noviembre de 2007

El paso del tiempo...


Cuando era pequeña mis padres me llamaban "princesa de la cara de fresa". Yo me enfadaba mucho y les decía: No! Soy la princesa de la cara normal!
Ahora, años más tarde, cuando mi madre me llama "princesa de la cara normal" me enfado y le digo: No! Soy la princesa de la cara de fresa!

Utopía

¿Para qué sirve la utopía?
Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Por mucho que camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve la utopía: para caminar.

Asturias


Algo me llama. Apenas un susurro en la distancia, apenas la brisa acariciando mi piel. Pero me abraza, me llena.
Es Asturias, que me saluda desde la distancia y me dice que no me olvide de ella. ¿Cómo podría?
Creo que sólo un asturiano podría entender este amor irracional por un pedacito de tierra. Pero es más que eso, mucho más. Podría decir que son sus paisajes, que es su gente, sus hórreos o su sidra. Pero no.
Nunca he conseguido expresarlo ("Asturias si yo pudiera, si yo supiera cantarte...") y eso no es sino una intento en vano más. Es ese escalofrío que recorre todo mi cuerpo cuando entro en territorio asturiano, esa plenitud, ese sentirme acompañada dando un paseo en soledad. Es mirar una foto y sentirme orgullosa, es acostarme en Madrid, pasar alli la noche, y despertar de nuevo en la capital. Es saber que alguien te espera y siempre te esperará. Es, simplemente, ella.
Mis sensaciones podrían denominarse exageradas y muy posiblemente lo sean. Seguramente sean igual de exageradas como inevitables. Diego lo llamaría algo así como locura.
Sólo tengo una cosa clara: ya seas asturiano o extranjero, Asturias enamora. Porque si.

A ti, desde la distancia. Pronto nos veremos.


Mi razón de vivir siempre es volver...
Volver a algún sitio donde un día, fui feliz...

martes 13 de noviembre de 2007

Loren, hoy me preguntaste qué podía conquistarme, y aqui tengo una historia:

En un momento de esos en los que sabes que todo ha salido mal, que lloras y lloras, que ya no tienes fuerzas para seguir, que te rindes, en los que nada te reconforta pero en los que, aun asi, necesitas un abrazo de esos que tu y yo sabemos, un amigo vino y me dijo la más bonita frase de amor (como descubri después de una canción de Ismael Serrano) que nunca olvidaré:
"Siempre estaré en primera fila de combate abriendo trincheras para protegernos, mi guerrillera..."

Le miré a los ojos y supe que esas palabras siempre me darían fuerzas para levantarme. Así ha sido y es.

Ese dia, esa persona me conquistó.

lunes 12 de noviembre de 2007

Yo no lloro

Yo no lloro… Yo no lloro… Que línea más delgada me separa… Que línea más delgada, de ser una mujer… De que me respeten como persona… Apenas unos meses… para hacerme, para valer algo… ¿Qué pasa ese día?... ¿Qué pasa el día del precipicio?... ¿Qué día es ese, en el que, de repente, todos te ven diferente?... De pronto, depende de un día que tus decisiones sean válidas o una simple ilusión, que tus palabras sean escuchadas o se precipiten al vacío… ¿Acaso soy hoy menos persona que mañana?... ¿Acaso eres tú mas tú por ser mayor?... Pero yo no lloro… No lloro porque, al contrario de cómo piensas, sé quien soy, se hasta donde puedo llegar y, lo mas importante, sé quien eres tú… Sé que soy persona, digas lo que digas… Y no me conformo… No, no con tus condiciones… Soy quien soy y sé quien soy… te guste o no… Y no lloro, porque soy yo, ahora soy yo y mi vida… Somos nosotras, sin nada que nos interrumpa, nadie a quien necesitemos… Y no lloro… Voy a hacer mi vida, a mi manera, con mis sueños, no con los tuyos… con mis esperanzas, no con las tuyas… fiel a mis ideas, no a las tuyas… Quizás mañana vuelva, quizás mañana te eche de menos… Entonces regresaré, como una persona extraña, como alguien a quien no conoces porque, cuando podrías haberlo hecho, aún no me creías persona, aún no pensabas que fuera yo… Y no sabrás nada de mí, porque no intentaste conocerme cuando tuviste la oportunidad, porque no te parecía suficiente… ¿Entonces te pareceré suficiente?... ¿Te pareceré merecedor de ti?... ¿Te parecerá interesante saber si lloro?... Te lo digo ahora, yo no lloro… Porque quizás, entonces, será demasiado tarde… Quizás, entonces, sólo pase a tu lado y te salude… Quizás llores entonces, y quizás no me importe… Quizás ya no seas nada… Y yo no lloraré… Porque seré quien soy.. .La misma persona que ya soy… Y tú, sigues sin verlo… Imagínate si estas equivocado, que piensas que soy tan pequeña, que lo sabes todo de mí… Pero ni siquiera sabes, que lo que yo siento… es otra cosa…

Tienes los ojos verdes

- ¿Sabes que tienes los ojos verdes? Si no lo sabes, te lo digo yo: tienes los ojos…
- “Entonces, ¿os parece bien esa propuesta?”
- … verdes. Verdes. Pero no es un verde normal, el tuyo es…
- “Personalmente creo que es una buena idea.”
- … especial…
- “Y no es difícil de poner en práctica.”
- … sólo tuyo…
- “Además resolvería otros mucho problemas.”
- … bueno, y mío, cuando lo observo y me pierdo dentro de él…
- “No sé, sería un gran avance.”
- … es el verde que me da la paz con sólo un vistazo, el verde que me dice tantas cosas sin palabras…
- “Quería planteároslo, pero lo veo bastante claro.”
- … el verde que busco a todas horas, el verde de mis sueños, al que pertenecen todos mis pensamientos…
- “¿Qué os parece?”
- … verde, verde…
- “Bien, por lo que veo.”
- … mírame, deja que lo observe, que me de vida... verde…
- “Se lo comunicaré a la dirección, pues.”
- … ya lo veo, ya, otra vez…
- “No tendrán nada que objetar.”
- … inúndame…
- “Un poco de manipulación y no habrá ningún problema… jajaja.”
- … es increíble, tantos tonos de verde y ninguno que se le parezca, que pueda compararse… ninguno…
- “Venga, fuera de bromas… ¿lo has apuntado todo?”
- … eres tú el único que lo posee… ni árboles, ni flores, ni animales, ninguna persona… nadie… ese verde…
- “Ya está todo, ¿no?”
- … y pensar que no puedo decirte nada… no te lo puedo contar, no puedo hablarte de tu verde…
- “Venga, firmad todos.”
- … es un secreto, un secreto entre tus ojos y yo, sólo nosotros lo sabemos…
- “Ya está, pasa la hoja por aquí.”
- … un secreto… es el verde, verde…
- “Y dejad de empujar la mesa ya.”
- … quizás algún día te lo cuente y te hable del verde…
- “Venga, venga.”
- … pero sólo si tus ojos me dejan, porque es un secreto…
- “Ana, has estado callada todo el rato. ¿Tú qué opinas?”
- “¿Yo? Que tienes los ojos verdes…”

viernes 9 de noviembre de 2007

La verdad, no se como expresar lo que siento. Me siento estúpida al intentarlo, creo que ya nada tiene sentido.
Podría escribir mil excusas, mil explicaciones, pero no acallarían mi cabeza. Nada me ayuda ya.
Son instantes, son casualidades, son los nervios, el estado de ánimo. Todo pasa tan rápido, viene y se va sin que te des apenas cuenta. Pero una vez pasa te odias, te arrepientes y no consigues explicarte como ha podido suceder.
Nada hace que el tiempo vuelva atrás. Nada consigue calmar esta rabia que siento dentro, este odio hacia mi misma. Nada.
Ya sólo resta pedir perdón y esperar que lo aceptes. Esperar que entiendas lo que me llevó a perder los nervios, la razón y, posiblemente, a un amigo.

Me arrepiento mucho de que escuchases gritos que no te correspondían y mucho menos te merecías.

Sin más me despido hasta pronto, con la esperanza de un abrazo de esos que tanto necesito.

Un beso, Loren.

jueves 8 de noviembre de 2007

Para Diego

La oscuridad lo inundaba todo, por dentro y por fuera. Ella lloraba en silencio. Entre lágrimas oía a alguien respirar. Estaba durmiendo no muy lejos de ella, si estaba un poco el brazo, hasta podía rozar su piel. Pero no era la piel que ella quería acariciar, era otra. La persona que ella quería tener cerca, no estaba allí. Bueno, si estaba, al otro lado de la pared, bromeando y riendo con sus amigos. Podía oírles, pero tan lejos, que no podía ni adivinar por qué reían, era como un susurro, apenas audible. La verdad, tampoco le prestaba demasiada atención, estaba tan sumida en la oscuridad, que nada tenía ya importancia. De pronto, algo la sacó de sus pensamientos. Era aquel olor inconfundible. Provenía del cojín con el que habían estado jugueteando horas antes, y que ahora yacía entre sus brazos. Y así, abrazada a aquel olor, comenzó a recordar aquellos dos últimos días. Podía verlo todo pasar frente a ella, como una película. Cada palabra, cada sonrisa, cada detalle había quedado guardado en su memoria. Hasta sintió en su boca el sabor de las moras que había cogido de su mano, sólo para poder decirle gracias e intercambiar sonrisas. Todo. Recordó la discusión por quién llevaba los pasteles, el paseo en bicicleta, el acantilado con la roca, en la que no te puedes sentar porque te llevan las olas. También se acordó del paseo con las flores y el camino de vuelta, él había estado confundido, pero no lo sabía… También pasó por su mente la estrella fugaz, el paseo cogida de su brazo. Hasta había un hueco entre sus recuerdos para el escondite, él siempre corría mas. El día de mimos había sido el mejor, si, el de borde no le había gustado tanto, porque… Al volver a la oscuridad se sorprendió a sí misma sonriendo. Era sonrisa muy triste, pero no habría podido pedir mas. Volvió al olor. Era una cobarde, se había saltado el último recuerdo… en un vago intento de apartar su mente de aquel momento, se preguntó si él se acordaría de todos aquellos detalles, pero inmediatamente se sintió tonta e ingenua por hacerlo… claro que no. Se obligó a sí misma a volver a aquella última noche. Recordar aquello dolía mucho, pero debía hacerlo, y lo sabía. La discusión había sido muy dura y le había hecho mucho daño. Ella también había sufrido, pero se lo merecía o, por lo menos, eso era lo que ella pensaba. Además, ella se lo había hecho a conciencia, y eso le desgarraba el corazón, aunque sabía, que no había habido otra solución. Eso no era excusa, lo sabía, y pensarlo tampoco le hacía sentirse mejor, pero, y aunque su corazón se estuviera partiendo en mil pedazos a la vez, lo había hecho para protegerle, protegerse. Había necesitado hacerle daño para apartarle de ella y de sus sentimientos y acabar con sus fantasías y sueños que no harían mas que daño, y aquella había sido la mejor manera, aunque lo hubiera hecho con lágrimas en los ojos y sin dejar de pensar en él ni un instante. Ella había sufrido más que nadie, pero ni eso ni nada importaba ahora ya, porque, y aunque era lo que ella, rota y desesperada, había buscado, le había perdido para siempre. Se abrazó por última vez al olor y lloró. Lloró, hasta que, abatida, calló rendida ante el implacable sueño. Y, al otro lado de la pared, tres voces bromeaban y reían sin percatarse, de la oscuridad que todo lo inundaba, por fuera y por dentro.

martes 6 de noviembre de 2007

Ven, corre...

Tenía la cabeza apoyada contra la ventana del autobús. Miraba las cosas pasar, árboles, casas, personas. Todo tan rápido, que se difundía. Todo, cada calle, cada detalle, todo estaba tan lleno de recuerdos, de momentos que pensaba, habían caído en el olvido, y que ahora volvían a desarrollarse tan claros ante mí; tan claros, que la piel se me erizaba y un sudor frío recorría mi espalda. ‘Tendría que haber vuelto antes’, pensaba una y otra vez. ‘Pero ahora ya es tarde… demasiado tarde.’ La cuidad donde había crecido me resultaba extraña, el lugar que un día había sido mi cálido hogar, ahora sólo era fría y distante.
El viaje continuaba, tranquilo. De repente, algo me hizo estremecerme. Levanté la cabeza. Ahí estaba, ese era el lugar. Ese. Parpadeé y ahí nos vi, a las dos, jugando. Parecía como si el tiempo se hubiera parado. ‘Ven, corre, vamos a nuestro escondite’, resonó en mi cabeza. Las risas de dos niñas hacían eco en mi mente y en mi corazón. Volví a parpadear. Ya no estábamos. Volví a escuchar el interminable ronroneo del autobús. Toda la luz del recuerdo se había desvanecido y había dejado tras de sí un paisaje gris, que anunciaba tormenta. ‘Demasiado tarde’, susurré.
El vehículo se detuvo. Fue el brusco movimiento al parar lo que me hizo emerger de mis pensamientos y me apresuré a bajar. En cuanto estuve fuera del autobús, éste retomó su camino, dejándome completamente sola en aquel desierto lugar. La verja negra estaba entreabierta. Al empujarla para poder entrar chirrió. Entré. Estaba empezando a atardecer. Era un lugar bonito. Grande y con muchos árboles, con enormes campos de hierba divididos por estrechas pero largas calles que partían de la más ancha, la principal. Recorrí aquel laberinto de calles con un arrugado papel que contenía algunas indicaciones para hallar el lugar que buscaba. Finalmente lo encontré. No pude contener las lágrimas. Mis piernas perdieron toda la fuerza, lo que me obligó a arrodillarme. Quería que todo fuese un sueño y que acabase ya. Pero sabía que no lo haría. Con mi mano hice un pequeño hoyo delante de mí, en la tierra húmeda. Hecho esto, saqué de mi bolsillo un papel doblado con cuidado. Lo miré por última vez, lo besé y lo metí en el hoyo, volviéndolo a cubrir de tierra, dejando el papel completamente enterrado, y lloré.

La policía había encontrado aquel cadaver flotando entre las aguas del río del pueblo. Nadie reclamó su cuerpo. Las pruebas que aquella mujer había dejado antes de arrojarse al vacío, condujeron a la policía hasta una carta enterrada ante una tumba. Esta decía:

“Te prometí que volvería a por ti y aquí estoy. He vuelto, aunque demasiado tarde y no pueda cumplir el ‘a por ti’. La vida viene y va y no nos pregunta lo que queremos. A mí no me preguntó y no supe imponerme frente a ella. No supe volver hasta que me llamaste. No encontraba el camino de vuelta a casa, quizás ni lo busque. No supe regalarte ni un poco de mi tiempo, hasta que las circunstancias no lo requirieron. Ahora la vida se ha ido para no volver jamás y nunca podré recuperar ni un instante del tiempo que pasé lejos de ti. Han pasado muchos años desde que me fui, dejándote atrás para siempre, aunque en el momento que lo hice, no sabía que sería hasta nunca. No sabía decir exactamente en qué momento dejé de pensar en ti, deje de echarte de menos y aprendí a vivir sin ti, pero lo hice y te pido perdón por ello. Ven, corre, vamos a nuestro escondite... Y pensar que todo esto fue por no saber tragarme mi orgullo y dejar atrás aquella absurda discusión. Y ahora ya no puedo ni darte un abrazo, para demostrarte que... lo he olvidado”

De los sueños...

Soledad… Tristeza… Las nubes lloraban, tristes, inconsolables. Sus lágrimas arañaban el cristal, con un leve ronroneo incesante. Los cristales protegían a una chica de la lluvia. Estaba tumbada en una suave cama, acurrucada entre cocines. Segura, protegida entre sueños. Estaba sola… ¿Sola? Sentía una mano enredada en las suyas. Otra acariciando con ternura su piel. Respiró profundamente. Un olor inconfundible penetró sus sentidos. Aquel olor, el suyo, sólo el de él. Lo reconoció enseguida. Alguien susurraba en su oído. Un sonido apenas audible, pero que contenían las palabras que sólo una persona sabía, le harían estremecerse, rebosante de felicidad. Otro sentido le hizo perder la cabeza. Era el sabor de un beso, estaba segura. Lo saboreó, lo disfrutó antes de dejar que fuera arrastrado de sus labios al recuerdo. No había duda, tenía que haber sido un beso. Él estaba ahí, tan cerca, abrazándola, cuidándola, protegiéndola… De la lluvia… Entre sueños. Su voz seguía susurrándole, su mano recorriendo su vientre. Ella abrió los ojos. Sonrió. Le estaba haciendo cosquillas. Oía las gotas acariciar el cristal… ¿Soledad? ¿Tristeza?

sábado 3 de noviembre de 2007

Chicos, estoy enamorada!!!

http://youtube.com/watch?v=CoSL_qayMCc

Un besazo!
Sus manos, agrietadas y cansadas, testigos del tiempo, se apoyaban sobre su regazo. Abatida, sentada en aquella vieja silla de cocina, perdía su mirada en el infinito, en un vacío cuya magnitud ni ella podía captar.
Unos instantes antes se había caído, se había roto en dos. Observaba su herida, su cicatriz incurable.
Ella lo intuía, pero es cierto: ni el tiempo ni nada logrará, en los años que le quedan de vida, calmar ese dolor, cerrar esa brecha.
Aún recuerda bien aquel día, sentada en aquella misma silla, se inclinaba con dificultad sobre un cubo mientras su curtidas manos pelaban patatas. Había oído la antigua puerta de la cocina y supo, sin saber, quién era. Levantó la vista mientras su interior sonreía. Sorprendida, encontró una inmensa felicidad en aquel rostro que la miraba desde la puerta, en aquel que hacía tanto que no reía.
Con una mirada lo saludó y le dijo: No sabes cuánto me alegro de verte tan contento. Inesperadamente la sonrisa de la puerta rompió el silencio con atronadoras palabras: “Mamá, me he alistado en la guerrilla.”
Las alegres palabras resonaron en los oídos de las manos agrietadas y, tan débiles de pronto, dejaron caer la patata a medio pelar y el cuchillo. Sus ojos se perdieron en imágenes y recuerdos. El tiempo se paró mientras las dos figuras se miraban: el joven soñaba, la vieja recordaba.
“Ah”, dijeron las desgastadas manos, intentando recomponerse, “y… ¿y eso?”
La respuesta regresó llena de fuerza. “Honraré la memoria de padre. Esos hijos de puta se van a enterar.” “Ah, si… si…” Miraba, pero no veía la sonrisa de la puerta, se veía a sí misma, tantos años atrás. Veía el mismo entusiasmo, la misma fuerza pero, sobre todo, veía el mismo odio, la rabia contenida. “Y… y ¿cuándo te vas?” “Mañana, antes de que amanezca, vendrán a buscarme.” Ahí estaba de nuevo, esa enérgica forma de hablar. “Ya verán esos cabrones, los voy a matar a todos.” Fue lo último que dijo la sonrisa antes de desaparecer por la puerta por la que había entrado.
Las manos, en silencio, recogieron el cuchillo, recogieron la patata y prosiguieron con su tarea.
La noche, enemiga de los disgustos, mantuvo las manos despiertas, intranquilas. Las imágenes atropellaban todo lo demás y les impedía conciliar el sueño. Las imágenes la revivían a ella y el día en el que ella llegó con la misma sonrisa a la misma cocina, muchos años atrás. Recordó su vida en el monte, los peligros, la primera vez que cogió un arma. Y a aquel hombre. Aquel que le dijo “Cásate conmigo.” y para el cual la respuesta había sido “Sí” por primera y última vez. Pero, entonces, los recuerdos se volvían amargos. Revivió también las múltiples torturas a las que el otro bando la había sometido cuando ella cayó. Recordó los golpes, el hambre y la rabia que no podía ser aplacada. Recordó cómo la obligaron a presenciar el fusilamiento de su marido y como éste había mirando al frente, sin seña alguna de miedo. Y entonces, un disparo.
Sus ojos se abrieron de golpe. No podía soportarlo más. Después de permanecer unos minutos sentada en la cama con la mirada perdida, se levantó y se dirigió a la cocina. Las manos desgastadas comenzaron a trabajar. No debía faltar mucho para que se levantase y quería prepararle algo de comida para la larga caminata. Mientras las manos seguían la tarea incansables, la mente volvió a evadirse. Ella también había hecho lo mismo en su día, la misma causa, las mismas metas, pero ella había visto lo que los ojos de él nunca deberían ver. Los motivos para alistarse seguían latentes, las ideas, y su padre estaría orgulloso. Pero esas manos cansadas no podían soportar la idea de que su hijo viviese lo que ella vivió, tuviese que matar y ver morir, tal vez morir él mismo o soportar torturas. No quería que su vida fuese una constante huída, como lo había sido la suya. Sólo correr, sólo escapar. No quería, pero hacia mucho ya que la sonrisa tomaba sus propias decisiones. La mujer volvió a la cocina y encontró con sus uñas clavadas en su propia piel. Él tomaba sus decisiones y ella tenía que apoyarle, aunque le partiese el corazón.
Cuando llamaron a la puerta, él abrió y se oyó “Me despido y nos vamos.” Escuchó la antigua puerta y allí estaba la sonrisa. “Toma”, le dijeron las manos, tendiéndole una cantimplora y un bocadillo envuelto. “Para la caminata.” “Gracias, mamá.”
Las dos miradas se cruzaron y no hicieron falta palabras. Uno soñaba y reía, otra evocaba y lloraba.
De pronto, él rompió el silencio. “Volveré, mamá, te lo prometo.” Pero los dos sabían que no sería así. Ella reventó. Una mezcla de impotencia, miedo, odio y dolor tuvieron que juntarse, ella nunca entenderá por qué lo hizo, pero comenzó a gritar “¡Vamos, fuera! ¡Sé un hombre! ¡Mátalos, limpia la memoria de tu padre y honrale como a él le hubiese gustado! ¡Mátalos, a todos!” Mientras chillaba, le había dirigido hasta los hombres que le esperaban y, al momento, todos se fueron. Él no miró atrás ni una sola vez.
Cuando desaparecieron en el horizonte, ella se cayó y se rompió en dos. Abatida, se dejó caer en la vieja silla con las agrietadas manos apoyadas en su regazo. Sin que se diera cuenta, su mirada se volvió a perder. Sin quererlo, sus puños se apretaron y sus dientes mordieron sus labios. También, sin querer y sin darse cuenta, la primera lágrima cayó.

jueves 1 de noviembre de 2007

Lloran...

Oscuridad… Silencio… Un abrazo… nunca llega… Unos ojos… lloran… La sonrisa…derribada… su sonrisa… Lloran… sin parar… sin remedio… sin sonrisa... Lloran… sin lágrimas… ya no quedan… gastadas… agotadas… sin lágrimas… lloran… Hacía mucho… tanto… que no llovía… tanto… que no lloraban… sin lágrimas… no quedan… no hay mas… la oscuridad… se las lleva… la noche… larga… interminable… irremediable… ¿a dónde?... se las lleva… lejos… ¿se las lleva?... la noche… el abrazo… que no llega… Lloran… no quedan… frío… Un cuerpo se estremece… sin abrazos… no llegan… no quedan… ¿dónde?... no hay… pero lloran… sin mas… lloran…

miércoles 31 de octubre de 2007

No son buenos tiempos para los soñadores. No son buenos tiempos para las cosas pequeñas. No son buenos tiempos para las palabras sin hablar.
No tengo nada que explicar, nada que tú no sepas ya.
Es el hecho de encontrar a alguien con quien hablar, alguien bueno. Una persona que va mas allá y te invita a ir con ella, que te ofrece su mano. Eres tú, que no te subes al tren por simple curiosidad. Tú, que sabes que yo tampoco subiré. Y soy yo la que, por ese simple detalle, sé que eres lo que nunca encontré, esa flor en medio del invierno. Esa persona que me hace pensar, con mas esperanza que nunca, que otro mundo es posible, que no todo esta perdido.

Por eso. Por todo.

martes 30 de octubre de 2007

Feliz reencuentro

Paso rápido. Fresco de madrugada. Resol del amanecer. Humedad. Ya lo oigo, ya lo veo. Necesito llegar, algo me llama. El caminar se convierte en un ligero trote. Ya queda poco, apenas unos pasos. La piel se me eriza. Ya esta. Respiro profundamente. Dejo que me acaricie los pies. Suave, tierno, delicado. No consigo contener las lágrimas. Sonrío. ‘Te he echado de menos’, susurro. Mi mirada se pierde en su inmensidad. Nadie cerca. Absolutamente desierto hasta donde alcanza mi vista. Sólo él, mi soledad y yo. Bastante. Suficiente. Nada que eche de menos.
Comienzo a caminar lentamente, sin alejarme. No, no dejes de acariciarme. Largo paseo. A su lado, siempre cerca, rozándonos suavemente. El sol ya ilumina todo, me indica que debo marcharme ya. ¡Qué rápido pasa el tiempo a su lado, qué lento lejos de él! Y pensar que estos instantes me alimentan, me ayudan a vivir en la distancia… ‘Volveré, te lo prometo’, pienso. Sé que lo sabes. Me doy media vuelta. Me cuesta dar el primer paso pero avanzo con decisión después. Ya no te siento, no te noto en mi piel. Me paro. ¿Es mi nombre lo que susurras? No llores. Sabes que te pertenezco, que es aquí donde me traerá mi corazón. Contigo, a casa. Una última lágrima. Comienzo a correr.
El mar…

lunes 29 de octubre de 2007

Te perdono

Silencio… Oscuridad… Sólo una tenue luz entra por la puerta entreabierta, iluminando su cara. Está dormido. Ella se sienta al borde de la cama, a su lado, despacio. No le quiere despertar. Le mira dulcemente y acaricia su mejilla. Otra vez el monstruo del tiempo le ha ido comiendo las horas. Otra vez no le ha visto amanecer, no le ha dado un beso de ‘buenas noches’. Otro día sin el color de su sonrisa, ni el de su llanto. Ya ni siquiera pide el olor de su felicidad, se conformaría con el de su tristeza. Pero otro día mas sin oler, sin ver, sin oír… sin sentir. Y él no la ha dejado ni un segundo. La sigue cuidando, queriendo… esperando. No le importa hasta cuándo, no lo piensa. La quiere. Ella comienza a derrumbarse, las lágrimas ya recorren sus mejillas. Y llora, en silencio, para no despertarle. Le besa suavemente. Le observa. Le gustaría tumbarse entre sus brazos, pero no puede, rompería su sueño. Acerca su cara a la suya y le susurra al oído:
“Lo siento, mi vida. Lo siento muchísimo. Perdóname.”
Se levanta despacio y camina hasta la puerta de la habitación. Sus ojos se abren y la ven alejarse. “Te perdono”, piensa

El comienzo

A petición de una persona a la que he aprendido a querer demasiado en demasiado poco tiempo, empiezo este blog con la esperanza de que le guste y de que me pueda concocer un poco mejor.

Por supuesto, todo el mundo será bienvenido e invitado a colaborar y participar.

Ahí queda. Espero que no te importe que te llame amigo.

Un beso.